Lissette Condassin tiene 44 años y no los esconde; asegura que está en una etapa plena de su vida, en la que disfruta de sus logros y sigue teniendo otras metas.
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Es locutora idónea desde sus años universitarios. |
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En "Evita" en 2004. Se ha propuesto participar en una obra todos los años. |
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Junto a Ricky Ramírez, su socio en las oficinas de San Francisco. |
Perdone, ¿usted es Lissette Condassin? Es un pasillo de supermercado. La que pregunta habla bajito, espera no ser imprudente. La aludida acepta pues que sí, que es ella. La que interroga sonríe y se voltea a buscar a alguien: “¡Viste, te dije que era ella! ¡ven!, ¡ven acá!”. El que viene es el marido, colorado y más apenado se pone cuando la esposa lo presenta: “Lissette, él siempre ha estado loco por ti”.
Hace siete años que dejó de estar en el noticiero de las 6:00 p.m. en RPC, pero aún Lissette Condassin sigue acumulando anécdotas de encuentros con televidentes.
En los sondeos que se hacen para medir la popularidad de los locutores de noticias, su nombre sigue apareciendo. No solo es por los ojos verdes o por la tersa voz. Lissette tiene carisma para los telespectadores, quienes aún le dicen que la extrañan, que vuelva a la televisión.
Y eso que estar frente a las cámaras no era lo que ella tenía en mente en los años 80. Cuando entró a estudiar comunicación social en la USMA se imaginaba productora. De estudiante empezó a hacer pequeños trabajos de preproducción. Por ello la conocían en RPC Canal 4 y le ofrecieron hacer unas vacaciones. Un mediodía, cuando debía leerse una promoción, faltaban los locutores. Ante el apremio ella hizo la locución, pero temiendo las consecuencias, que fueron un llamado del gerente del canal para que hiciera una prueba de noticias.
Desde entonces es, para la mayoría de los panameños, la de las noticias. Sus otras facetas, tal vez menos famosas, la han mantenido ocupada estos años fuera de cámara: mamá, esposa actriz de teatro, relacionista pública, locutora de jingles, instructora de proyección escénica...
— ¿Cómo se da este retorno tuyo a la televisión?
— Entiendo que hacen unas encuestas de popularidad de locutores de noticias y yo sigo saliendo, creo que principalmente debido a eso me invitan a estar en el programa TVN Investiga. Dije que sí porque la televisión es un gusanito que se mete en la sangre y más nunca sale, siempre la extrañé, sobre todo cuando ocurren hechos importantes y uno quisiera estar viendo todo de cerca.
— ¿Por qué te retiraste de las pantallas?
— Mi salida se dio porque necesitaba seguir creciendo dentro de mi carrera. Estudié un postgrado en comunicación organizacional, sentía que en el noticiero no podía avanzar más.
Ahora, después de siete años en que hice todo lo que quería, me ofrecen volver a la televisión y digo ¿por qué no?, además, es un programa quesale una vez al mes y no me absorbe tanto tiempo. Ha tenido buena aceptación.
— En estos últimos años has estado en teatro haciendo locuciones, también te hemos visto entrenando a jóvenes en concursos musicales, pero tu trabajo principal fue de relacionista pública en Banco Continental, ¿qué hacías allí?
— Cuando me ofrecieron hacer las relaciones públicas pensé: “¿y qué voy a hacer yo en un banco?”, pero ha sido uno de los mejores trabajos que he tenido. Ya iba para cinco años allí cuando cerró sus puertas [este año se fusionó con Banco General]. Trabajé de lleno con ABC, el proyecto punta de lanza de responsabilidad social en el cual se adoptaba una escuela. En mi trabajo tenía potestad para hacer lo que quería, siempre que contara con el presupuesto. Aprendí de administración y organización, tanto así que después del banco sentí que podía hacerlo, llevar una empresa de relaciones públicas.
— ¿Cómo surge lo de tu negocio, la empresa Intermedia?
— Mi socio Ricky Ramírez, dueño del estudio musical Contraseñas, escribió la ópera rock panameña Peras en el Huerto, que se montó el año pasado. Yo actué allí. Duró cuatro días y fue una cosa deliciosa de hacer. Banco Continental compró una noche para sus clientes VIP, yo organicé ese evento. Ricky me dijo esa vez. “Oye, esto está muy bien montado”, y le contesté que era mi trabajo en el banco. Me comentó que si un día quería abrir un negocio sola que le avisara. Me eché a reír y le di las gracias.
Cuando se anuncia la fusión del banco en enero de este año recordé la oferta. Lo llamé y sobre la propuesta me contestó: “Te lo dije en serio, tú lo cogiste a relajo, pero era en serio”.
— ¿Y resultó el Club Activo 20- 30 su primer cliente?
— Yo todavía estaba en el banco cuando alguien que sabía lo que planeábamos, me avisó que el Club Activo 20- 30 buscaba una agencia de relaciones públicas. No teníamos ni nombre, pero Ricky dijo “hagámosle una propuesta así sea como ejercicio”. Aunque sabían que nuestra empresa era nueva, el Club Activo 20- 30 apostó por nuestras trayectorias. Tomaron en cuenta que trabajamos con ellos en la producción del Proyecto Estrella [concurso de canto juvenil]. Estamos animado porque se han ido sumando nuevos clientes.
— ¿Cuéntame de esa faceta de enseñar en ‘Proyecto Estrella’ y en ‘Viva la Música’?
— Esto surge también por Ricky Ramírez. Lo contactaron para Proyecto Estrella, él me llamó como jurado, al año siguiente me dijo que le diera un entrenamiento a los muchachos. Luego vino Vive la Música y al principio no imaginábamos el éxito que iba a tener. Yo enseño proyección escénica a los concursantes para que tengan confianza en el escenario.
Minutos antes de la presentación los tranquilizo, los abrazo, les hablo al oído, les recuerdo las técnicas: “respira hondo, profundo, suelta, acuérdate de la luz arriba, la luz que te relaja, saca los nervios, suelta, suelta, saca los nervios por la respiración... calienta cuerdas mmm sopla, sopla como tas, como tas”. Tienen esas manos que parecen un témpano de hielo. Cuando ya casi les toca salir, sus manos están tibiecitas. Y les digo: “sal a comerte el mundo”.
— ¿Cuándo empezaste a sacar provecho de tu voz? ¿Cantabas desde pequeña?
— Canto desde que tengo uso de razón. Mi mamá se acuerda de mí usando el palo de la escoba como micrófono. Estuve en el coro del colegio en María Inmaculada con el profesor Tito Medina.
Me gradué de secundaria y entré al coro de Música Viva.
— ¿Lo del teatro vino mucho después?
— Mi primera experiencia en teatro fue con La Novicia Rebelde en 1993. Bruce Quinn necesitaba a una persona y Gabriela Gnazzo, que hacía de la novicia, pensó en mí. Yo le dije: “estás loca, qué pena ¿y si se me equivoco?”. Ella me contestó que cómo se me ocurría, si yo salía todos los días en televisión y en vivo. Gabriela y mi esposo me alentaron.
— ¿Cómo te descubrieron para la televisión?
— Yo estudié comercio porque quería estudiar comunicación social, ser productora. Cuando estaba en tercer año en la universidad quise ser locutora para tener algo de platita. Recuerdo que me dijeron que el medio era una rosca. Me desilusioné, pero una vez me encontré con Edgar Sánchez Romero y le comenté que quería ser locutora, me dijo “mándame un casete”. Yo tomé un curso de locución que en aquella época era un semestre en la Universidad de Panamá junto al Ministerio de Gobierno y Justicia. Saqué mi licencia y empecé a hacer locuciones. Como hacía preproducciones varias veces le hice preproducción a programas especiales de RPC. César De León, cuando me escuchaba hablar, me recomendaba hacer una prueba de noticias y yo decía, “no, qué aburrido”. Al graduarme me ofrecieron trabajar unas vacaciones de la jefa de publicidad y promociones en RPC, Grisel Berrío.
Resultó que un mediodía había una pauta hecha sobre los MTV Video Music Award, no se me olvida; los dos locutores, Miguel Fernández y El Chato Muñoz, se habían ido. Uno estaba en almuerzo y el otro en una cita médica. Entré en pánico. Me dice el editor Humberto Chávez: “¿ tú no tienes licencia de locutora?”. Le digo que sí… pero los locutores son estas dos personas... Me dijo qué problemas íbamos a tener si no salía la pauta. La locuté, yo la había escrito. Eso causó un revuelo, no sé si es porque era una voz de mujer, y en ese tiempo solo locutaban los hombres. La gente me preguntaba en los pasillos si esa era mi voz. Esa tarde me llamó el jefe de personal advirtiéndome de que si yo no tenía licencia de locutor podía crearle un lío al canal. Después el gerente me llamó. “Me van a botar, pensaba yo”.
Me dijo que hiciera una prueba para leer noticias. Estar en televisión en mi primer trabajo era maravilloso, pero le dije que quería trabajar en producción. Me ofreció trabajar en producción de día y leer noticias en la tarde. Empecé el 19 de octubre de 1987.
Pero Lissette no duraría mucho trabajando arriba, en producción. Danilo Toro, quien hacía las encuestas de popularidad, empezó a ver los números altos que marcaba Lissette en la preferencia del público “¿quién es ella, qué hace?”, y cuando le contestaron que trabajaba en producción de día y que en las tardes leía las noticias, enseguida dijo: “tienen que pasarla a noticias”.
A Lissette no le cayó del todo bien pasar por completo a noticias. No quería corretear políticos. Le propusieron hacer trabajos de periodismo investigativo, reportajes de corte social. Y ese fue el perfil que desarrollo en proyectos como La Huaca de la Esperanza y Asunto de Dos, un segmento familiar que hacía junto a la Fundación para la Promoción de la Mujer.
— ¿Cómo manejaste el reconocimiento de la gente?
— Uno no se lo espera. Durante un tiempo le decía a la gente que no era yo, me insistían que me parecía mucho y qué si no éramos familia, demoraba más tiempo tratando de convencerlos en que no era yo que dejé de hacerlo. Y|o no me puedo esconder. Siempre alguien me reconoce, me regala algo. Vivo tomándome fotos con la gente. Agradezco el cariño que la gente me tiene.
Ha pasado que voy con amigas, nos estacionamos y el bien cuidao dice: “bien cuidao, Lissette”. “Mmmmj... contigo no se puede salir a ningún lado”, dicen mis amigas. Qué le voy a hacer.
— ¿Te piropean mucho?
— Sí, pero lo que me gusta es que piropeen mi trabajo. Como cuando dos argentinos se acercaron para agradecerme por los recuerdos que les había traído mi interpretación de Evita.
—¿Qué crees que hace que un locutor de noticias logre esa química con el público?
— Mencionaste la palabra clave, química. No basta con estar graduado de comunicación o con ser una reina de belleza. Hay que equilibrar distintos elementos. Hay gente que quiere ser demasiado divertida, se pasa; hay quienes quieren ser demasiado serios, les falta. El Fat Fernández y Jorge Carrasco son casi inmortales por su trabajo. Para mí tal vez fue llegar en el momento justo, cuando no había tanta competencia y mi personalidad caló en ese momento.