Evitar las comidas procesadas en estos días suena como una misión imposible. Libros como ‘The Omnivore´s Dilemma’ ponen en evidencia que es necesario intentarlo.
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La sobreproducción de productos derivados del maíz en Estados Unidos se traduce en las cinturas occidentales. |
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Toma más tiempo, pero una comida hecha en casa es mejor. El libro de Michael Pollan advierte sobre los males de la comida procesada. |
Cada Año Nuevo empiezo con una nueva resolución, que siempre trato de cumplir. Este año, al igual que el año pasado, empecé con ánimos de comer más saludablemente y en porciones más pequeñas. Afortunadamente, me topé con un libro llamado The Omnivore´s Dilemma, por Michael Pollan, el cual ilustra con una amplia bibliografía ciertos temas de las tendencias alimenticias del momento, desde sus raíces, algunas recientes y otras más antiguas. Lo que el Sr. Pollan logró hacer es que además me propusiera como meta evitar las comidas procesadas, ¡si es posible hacer tal cosa!
Siempre he tratado de que algunas comidas sean preparadas 100% en casa, hasta donde sea factible para mí, sea el pan o los postres. Cuando era pequeña, los preservantes y colorantes alimenticios me causaban unas alergias bárbaras y mi mamá hacía todo lo posible por eliminarlos de nuestra dieta, encontrándose con mucha resistencia de nuestra parte. Mientras otros comían comida chatarra, mis tres hermanos y yo comíamos apio con mantequilla de maní.
El libro del Sr. Pollan establece que los patrones alimenticios de los últimos 30 años han ido incorporando grandes cantidades de comida procesada, porque representan más ganancias para las compañías que las fabrican y primordialmente porque hay una sobreproducción de ciertas cosechas en Estados Unidos, como son el maíz y la soya. Este consumo de productos procesados acarrea como consecuencia una subida de peso nacional (el libro habla sobre la población estadounidense), y a la vez graves repercusiones en la salud de una nación entera.
El maíz del que habla no son las palomitas de maíz del cine, sino una variedad de maíz producida por los granjeros estadounidenses, que ha sido fragmentada a través de la ingeniería química para producir miles de diferentes ingredientes y subproductos, los cuales constituyen la mayoría de las comidas procesadas de una u otra forma. Seguro han escuchado muchos de los nombres de lo que los ingenieros químicos han podido extraer de este grano amarillo: glucosa, ácido cítrico y láctico, etanol, xantham gum, y cientos de más derivados de azúcares, almidones, ácidos y alcoholes. Además, el maíz es el alimento número uno para las vacas y pollos en Estados Unidos, así que además lo consumimos por esta vía.
Más notoriamente, a finales de la década del 60 se descubrió cómo obtener del maíz el high fructose corn syrup o sirope endulzante, mejor conocido en la industria por sus siglas HFCS. Este producto ha resultado ser el substituto del azúcar de caña para la mayor parte de la industria de la comida procesada por su bajo costo y si uno se fija en las etiquetas, probablemente lo encontrará. A inicios de los años 80 las grandes compañías de sodas, como Coca-Cola y Pepsi, se cambiaron a usar HFCS en sus productos.
Esta sobreproducción de productos derivados del maíz, por ser tan baratos, han inflado nuestros supermercados de alimentos procesados que necesariamente no son tan caros, pero definitivamente no son tan nutritivos. Al estar los supermercados llenos de productos procesados que hacen todo lo posible por mercadear sus bondades, hemos visto cómo la población de Estados Unidos ha incrementado su peso y hoy las autoridades de salud han declarado que existe una epidemia de obesidad en el país. Esto lo atribuyen a que existen cambios drásticos de estilos de vida (las personas son más sedentarias y comen afuera más a menudo), la pobreza (las comidas más saludables son más costosas), mercadeo (porciones agrandadas), entre otros factores.
Lo que el autor Pollan trata de establecer es que además de todo esto, y como causa fundamental, está el hecho de que hay una sobreproducción de comida (maíz y sus derivados y soya), y mientras más comida haya, más la gente come y hay más obesidad. Desde los años 70 el consumo de calorías por persona en Estados Unidos ha aumentado más de 10%. A partir de 1985, el consumo anual por persona de HFCS ha subido de 45 libras a 65 libras, y el consumo de azúcar blanca anual también ha subido por 5 libras por persona en promedio.
Me parece increíble escuchar la historia de como McDonald´s introdujo el concepto de “agrandar” sus productos. Un ejecutivo de la empresa convenció al Sr. Ray Kroc (dueño de McDonald´s), a que “agrandara” sus productos y cobrara un poco más; el Sr. Kroc insistía en que el consumidor podía comprar dos bolsas de papas fritas si tenía más hambre, pero el ejecutivo había descubierto que no. El consumidor se sentía como un glotón si comía dos porciones individuales, pero si “agrandaba” sus papas, el consumidor sí estaba dispuesto a comérselas.
Las ventajas de procesar alimentos para las compañías son obvias: pueden vender sus productos a cientos de países porque han logrado que sus alimentos no estén sujetos a la descomposición natural, e inmediatamente incrementan sus ganancias. Para nosotros, el valor agregado también es obvio: en vez de tener que llegar a casa a preparar la cena, sacas unos deditos de pollo previamente apanados del congelador y ya está.
La diferencia de la comida procesada, sin embargo, es la cantidad de calorías adicionales que tiene; esto ha desencadenado cientos de casos de diabetes tipo II y obesidad en personas más jóvenes cuando solía ocurrir en gente mayor. Sale mucho más costoso en dinero y tiempo comprar un tomate carne molida, ajo, spaghetti, aceite de oliva y queso parmesano, y preparar una cena en casa, pero en un futuro, quizá esta sea la mejor alternativa para una vida sana y larga.