Fue taxista de día y cantante de noche. A todas horas es un compositor del palpitar urbano y un ciudadano preocupado por el devenir nacional.
Daniel Domínguez Z.
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“Un asunto serio en este país es la hora panameña. Mi esposa me dice que yo soy hombre de reloj”. |
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“A mí el público me llama Lord Panamá desde que comencé a cantar. Yo me di a conocer bastante cuando salí en el ‘Show de la Una’ con Blanquita Amaro en 1965”. |
Hubo un tiempo cuando fueron éxitos temas poseídos por el embrujo del banjo, la conga y el ukelele, piezas cubiertas de picardía y marinadas con retazos de sentido social como Quince centavos y Papacito. Esa es la música de Lord Panamá, quien se ha dedicado en cuerpo y sangre al calipso.
Nace con el nombre de George Allen el 4 de septiembre de 1928, en Colón. Se cría en la Calle 13 y Bolívar. Desde 1993 vive con su esposa Marjorie, profesora jubilada, en Juan Díaz. Tiene seis hijos y 12 nietos.
Martes 14 de enero, a la 1:20 p.m. Abordar un taxi es un lujo en la avenida 12 de Octubre. Después de tener levantada la mano derecha por 10 minutos, un vehículo se detiene en La Prensa y recoge al periodista y a su entrevistado.
Su conductor, un hombre de tez blanca, contextura gruesa, bigote poblado y cabello escaso, acepta la carrera a la Calle 52, Bella Vista y avenida Federico Boyd, en el edificio Bolívar, donde está ubicado el estudio de fotografía donde esperan a Lord Panamá para las tomas de esta portada.
El deteriorado sedán tiene la apariencia de que está rodando a sol y a sombra desde hace un siglo. Los vidrios de las ventanillas están sellados, los sillones descuidados y una radio sintoniza una estación que ofrece ritmos tropicales. Para romper el hielo la entrevista comienza.
-¿Cuándo se escuchan los primeros acordes del calipso en Panamá?
-Es una herencia africana que trajeron obreros de Jamaica y Barbados. Los afroantillanos vinieron a la construcción del Canal de Panamá porque aguantaban este clima caliente.
-Fue una población víctima del racismo.
-Así es, los gringos que venían del norte de Estados Unidos no podían trabajar acá. Por eso mandaron a los criados en el sur y esos eran los reyes de la discriminación, no solo contra antillanos sino también hacia los panameños. Se los permitieron porque en este país la oligarquía mandaba.
-¿Se sintió discriminado como artista?
-El calipso siempre tenía su gente. Nunca me sentí rechazao por algo. No sé si otros.
-Sus padres eran del Caribe.
-Mi papá George era de Barbados y mi mamá Ana era de Grenada. Papá era pasabarco y mamá cuidaba a sus seis hijos, cuatro mujeres y dos varones. Todos sus hijos se dedicaron a la vida normal, menos yo, que me fui por la música.
-¿Cuándo entra en contacto con el calipso?
-A los 10 años escuchaba las comparsas de los carnavales en Colón. Yo veía cómo ensayaban en las calles 8 y 9, y después iban a desfilar contentos pa’ ve si ganaban premios.
-¿Esos carnavales eran más sanos?
-En esa época los carnavales eran diferentes, eran para divertirse. Nadie salía a pelear ni iba con revólver. En ese tiempo había puestos de limpiabotas en las esquinas y si un hombre en fuego se dormía con sus prendas, nadie le robaba, hasta lo cuidaban mientras que le pasaba la goma. Ahora te quitan hasta los zapatos. Por entonces colocaban sacos de pan francés en las tiendas a la 5:00 de la mañana y a nadie se le ocurría robarlos. Tal vez alguno, pa’ jodé, sacaba una michita de pan.
-¿Su mamá cantaba?
-Sí, cantaba calipso todo el tiempo. Ella es mi herencia musical. Aunque ninguno de mis papás era músico.
-En 1970 se muda a la capital junto a su esposa. ¿Ha cambiado Colón?
-Ahora los políticos colonenses no hacen nada y hay mucha corrupción. Hay pandillas por las calles. Los pelaos roban mucho. Colón ya no sirve.
-¿Por qué se deteriora la provincia?
-Esa es una buena pregunta, brother. Uno, porque ya no había el movimiento comercial de antes. Mira, a Colón llegaban barcos llenos de marinos. Ey, Colón era una ciudad que no dormía. Había centros nocturnos y cabarets. Había mucho trabajo. El desempleo y la violencia es uno de los problemas que la ta’ dañando. La droga también.
-¿Qué recuerdos tiene de su infancia?
-Los barcos que venían de San Blas cargaos de cocos. Los indios venían en canao, no sé cómo lo hacían pa’ no hundíse. Yo le digo a mis hijos que cuando yo era pelao, por la Calle 16, como si ahora tú vas pa’ la Zona Libre, atrás de un depósito donde los gringos guardaban sus vehículos, veías los aviones aterrizar en el mar.
Vía Porras, por el Parque Omar. El calor está para asar pollos en las aceras. El taxista mira desde el espejo retrovisor la desesperación de sus pasajeros. Es cuando se atreve a hurgar dentro del tablero del automóvil (parecido a un queso emmental) mientras habla consigo mismo: “¿dónde estará?”.
La momentánea distracción nunca lo hace perder el control de su nave rodante. Luego de revolverlo todo encuentra el objeto deseado y pasa una manigueta para que abran las ventanillas atascadas.
Lord Panamá ve la congoja en el rostro del chofer. Entonces se le ocurre una salida humorística: “Este es un carro de aire acondicionado natural, ¿eh? Cuando llueve es que estás en problemas, pero pa’lante, je, je, je. ¿Este carro no molesta, ah?”.
El hombre al volante, al verse parte de la conversa, no tiene reparos en intervenir en un tono de desahogo: “Este carro me dejó botao ayer en San Miguelito. Tú sabe friend, que los mecánicos te dañan los carros”.
-“Eso es cuando uno deja que cualquier mecánico le meta la mano al carro. Al mío yo no permite mucho mecánicos, uno solo sabe cuando parapeta algo en el carro. Si lo llevas a otro te dice: ‘¿quién te hizo esta cochinada?’. Cuando termina te cobra mil dólares porque desmanteló lo que hizo el otro. Demasiados cocineros dañan la sopa. Porque uno piensa que el otro no puso sal y pum, le echa sal. Mi papá siempre decía eso”.
Con el diálogo establecido, el conductor decide intervenir con entusiasmo: “Amigo, usted es inteligente. Yo tengo una chica colombiana que me dice: ‘no tengo pá comé’. Le di tres dola para que hiciera una sopa, pero ella no sabía que aquí los rabitos de puerco vienen salao. Entonces, pica la vaina y le echa sal. Nombe, hermano”.
Lord Panamá ríe a mandíbula batiente. Con su público cautivo, el chofer ofrece otra contribución: “Amigo, esa guial es colonense. Esa que va allí. Yo también soy de Colón, de Calle 14”.
-“¿Tú la conoce por la forma? Je, je, je. Este man sabe. Oiga, este negocio, el de taxi, ya no es como antes, ¿veda?”.
-“Ya no sirve, Lord. La gasolina ta’ muy cara” afirma negando con la cabeza.
-“La gasolina la suben cada segundo. El gobierno, en compinche con las petroleras, bajan la gasolina hoy, pero te dicen que no pueden bajarla hasta que vendan lo que tengan en los tanques. El gobierno permite esa canallá”.
El taxista examina a Lord Panamá por el espejo retrovisor aprovechando la luz roja del semáforo que está por la librería Exedra Books, y le comenta: “Amigo, usted es una leyenda del calipso, ah”.
-“Así dicen”.
La lluvia aparece. Los tripulantes guardan silencio. Saben que ahora las ventanillas liberadas representan una dificultad. Los pasajeros entran en contacto con esas gotas que vienen del cielo y se crea la sensación de estar dentro de una caja de resonancias.
El chofer, alarmado, les comenta: “Así me pasó el otro día. Los pasajeros que abren las ventanas y el agua que cae”.
-“Yo trabajé como taxista varios años, tranquilo brother. Uno tiene que buscársela como sea. Yo puedo dar una historia. Hay mujeres que entran al taxi y te dicen: ‘señor, suba el vidrio, me está espelucando’. Después viene otra y dice: ‘bájame el vidrio’. Yo hice como el amigo: quité la manigueta”.
El aguacero aumenta su intensidad. El caballero del timón propone detenerse para arreglar con sus propias manos las ventanillas, pero sus dos pasajeros, temiendo que algo se rompiera, le ruegan que siga adelante. Acepta la propuesta y avanza.
A la banda sonora ambiental se le agrega el limpiaparabrisas, que ayuda lo mínimo, y encima, hace un ruido que dejaría catatónico a cualquiera.
-“Brother, también he manejado carros con el limpiaparabrisas jodido”, declara Lord.
No es de extrañar que el ciudadano le pregunte a Lord Panamá qué podía hacer para solucionar esa dificultad. Por lo que el músico hace su recomendación: “Tú le pone jabón al vidrio por fuera. O agarra tabaco y lo untas al vidrio para que el agua corra”.
Esto lleva a una nueva interrogante del conductor: “¿usted ha visto plata como cantante de calipso? ¿Money?”.
-“No mucho, pero siempre hay algo”.
Luego, el entrevistado mira al periodista y con cierta preocupación le dice: “¿Él sabe pa’ dónde vamos?”
-“Sí, no se preocupe. Él sabe la dirección”, responde el reportero.
La lluvia cesa y se respira un aire húmedo, pero fresco. Pronto el vehículo se detiene por la Farmacia Arrocha de Vía España. Una dama pregunta si la puede llevar a Calidonia. El chofer acepta gustoso su nuevo destino y la cliente -cercana a las cinco décadas, alta, morena y de cabello suelto- ocupa el puesto del copiloto sin saber la condición casi metafísica del coche.
Incapaz de contenerse, el conductor reanuda el diálogo a la par que se acomoda su cinturón de seguridad. “Lord, ella también es de Colón”, le asegura. “¿Verdá joven?”.
-“Sí, lo soy”, asiente orgullosa. “Cuando era joven, en todas las fiestas me preguntaban: ¿tú eres de Colón? Yo me echaba a reír”.
-“¿Viste, Lord?”, dice con una expresión de felicidad. “Uno los conoce porque los de Colón somos grandes, hermosos y de buen corazón. Los de Colón son very special”.
-“Tiene razón, brother. Colón es pequeño, 16 calles nada más. La gente se ve todos los días, aunque no todas sean amistades”. La fuente de tantas rarezas se aparca al frente del estudio. Se intercambian las despedidas de rigor entre chofer y clientes. El automóvil arranca y deja tras de sí una estela de humo pesado y oscuro.
En el estudio fotográfico, entre el aire acondicionado, una silla confortable y una bebida en las rocas, el estrés se evapora.
-¿Por qué el nombre de Lord Panamá?
-En las Antillas hay influencia británica. En esas partes donde hay reyes y reinas, un Lord es una categoría que la reina te da y es un honor. A la mayoría de los cantantes de las Antillas y
de aquí, pa’ jodé, nos decían Lord. Hay Lord Cobra Lord Delicius, Lord Kitty, Lord Kontiki y yo. A mí el público me llama así desde que comencé a cantar.
-¿Quién le llama George Allen?
-Casi nadie. Lo uso pa’ las cosas legales.
-¿Cómo es la vida de músico?
-Complicada. En Panamá se disfrazan con la palabra cultura pa’ no pagarle al artista por su trabajo.
-¿Cuándo comenzó como cantante profesional?
-Profesionalmente significa ganando dinero, ¿verdá? Entonces comencé en los años 40.
-¿También participó con frecuencia en clubes, hoteles y teatros?
-De Colón y Panamá. Recuerdo que comencé en el Círculo 4 y después en el Club Tropical. Cuando me fui puliendo pasé al Ok Amigo, Salón Estadio, El sombrero y Salón Bahía. Esa Panamá de noche era como estar de día: tú veías gente a la 1:00 de la madrugada como si nada. Los almacenes de la Avenida Central cerraban tarde y los restaurantes de la 5 de Mayo estaban siempre abiertos.
Entre ritmos y ofensas
-¿Qué piensa del reggae?
-Hay mucha vulgaridad. Salió un tipo con una canción con algo de tu madre. En la canción se pronuncia esa palabra obscena. Tú sabe, la mamá es algo sagrado. Ya no hay respeto. ¿Cómo va a ser eso un éxito? Eso me da lástima, porque la identidad de un pueblo no puede ser esa clase de canciones.
-El calipso también tiene lo suyo.
-Claro, tu puede usá el doble sentido en el calipso. En mi tiempo de niño, las canciones de doble sentido solo eran entendidas por adultos. Ahora dicen la misma palabra pa’ que to’ la entiendan. ¿Eso qué es?
-El lema es ‘di groserías y triunfarás’.
-Hay cantantes que usan la vulgaridad para volverse famosos. El mundo ha cambiao mucho. Las mujeres aparecen en los videos con vestidos de baño con todo el fundamento afuera. ¿Qué es eso? En la televisión vi a unas niñas imitando los pasos de Sandra Sandoval y los papás las aplaudían. Para mí eso no cabe. Me van a decir que ya estoy viejo. Esa es la excusa de la juventud. La juventud la estamos perdiendo, muchachos quitándole la vida a personas inocentes.
-Habrá sus excepciones.
-Hay cantantes como Chicho Man, Nando Boom y Principal que le están cantando al Señor y a Jesús. Los regueseros algo están haciendo bien porque llenan coliseos aquí, en Colombia, México y Venezuela. Están ganando dinero, están vendiendo discos. Criticarlos a todos creo que sería envidia. Mira a Match & Daddy con la canción Pásame la botella, no tiene nada vulgar y pegó. Kafu Banton canta sobre los suyos y no es vulgar.
-En Panamá hay mucho talento musical.
-Sí, hombe, tenemos a Yomira Jones, Basilio, Camilo Azuquita, Vitín Paz, Danilo Pérez y Rubén Blades y muchos más. Si ellos se hubieran quedado aquí no les hubiera ido tan bien, porque en Panamá estás programado para idealizar a los extranjeros.
-Te has presentado en Honduras, Costa Rica y Bahamas. ¿Nunca estuviste tentado a irte a trabajar a Estados Unidos como músico?
-Tuve muchas ofertas en Estados Unidos, pero nunca acordábamos el precio que yo pedía. Me gusta poner el precio, sin exagerar lo que ‘toy cobrando, pero tampoco que me pongan por abajo.
-Lord, usted triunfó en Francia durante la Fiesta de la Música, en junio de 2007.
-En Francia gané un respeto entre los europeos. Mi calipso pegó muy fuerte. No sabía que les gustara tanto la música caribeña. Estuve orgulloso de compartir el escenario con panameños como Yomira Jones y Yigo Sugasti. Estuvimos en la Casa de América Latina en París y el
Satélite Club.
-¿Un momento especial en París?
-Tengo una canción que se llama Pana Reggae. Es una fusión de calipso y reggae. Cada vez que llegaba el coro el público lo interpretaba a gritos, franceses, alemanes, to’ mundo, y cuando se acabó la canción la sensación quedó en el ambiente, como flotando. Aplaudieron tanto que no me querían dejar bajar de la tarima. Fue inolvidable.
-El 28 de octubre de 2007 recibe un premio por su trayectoria como cantante.
-Fui el primer panameño que recibió el Caribbean Sunshine Awards. El evento fue en el hotel Sheraton de Manhattan. Me extrañó porque ellos no me conocían personalmente. El premio no fue por amiguismo, ni político. Fue una experiencia muy agradable.
-Vienen nuevos proyectos.
-En febrero espero ir a Costa Rica para grabar un disco con canciones mías de ayer que pegaron fuerte como Papacito, Vecina vidajena, Fuego
abajo, Tan tumbando el Marañón y otros de hoy. En marzo regreso a San José como invitado del Festival Internacional de las Artes.
En Nueva York también quieren que grabe y que haga presentaciones. Iré por junio o julio, cuando baje el frío. La idea es pasar a cd lo que ante estaba en lp. Porque yo tengo como 16 discos de 45 revoluciones y un par de larga duración. Con el premio que me dieron quizás pueda distribuir mi música en Haití, Jamaica y Trinidad y Tobago.
-¿Cuándo le veremos cantando en Panamá?
-No estoy pensando en presentaciones. Por eso no llené nada pa’ estar en este Carnaval. Yo quiero mejorá mi repertorio con lo que voy a grabar. Siempre hay que pensar en la calidad. Luego de la grabación voy a buscar contratos para regresá a la tarima. Tengo que defender el premio que me dieron en Nueva York y para que la gente diga: ‘con razón que le dieron un premio’.
-¿Cuál es futuro del calipso?
-El calipso se va perdiendo en Panamá. Los muchachos piensan que son cosa pa’ viejos. ¿Sabes qué me afecta también? El taxista que nos trajo y su necesidad de vencé a la pobreza.
-Usted fue taxista.
-La relación con el taxi, es que si yo tenía un viaje pa’ un lugar yo podía ir. Con un taxi podía mantener a mi familia y me permitía ser artista. Luego yo le entregué el taxi a uno de mis hijos.
-Es una situación difícil la del taxista que nos trajo hasta el estudio.
-Chuchi, qué carro ese. Es una matraca. Ahora va a tener que pintarlo de amarillo. No quise recordárselo pa’ no ponerlo triste.
-¿Qué hacer?
-Panamá es muy pequeño para que se dé tanta pobreza. Está vaina va para peor. Eso me preocupa. Algo así como lo del taxista no debería pasar. Él debe salir a la calle a buscar dinero en un carro en pésimo condiciones. Él va alegre y va pa’lante, eso es lo importante.