El cine estadounidense fue usado como arma propagandística durante la Segunda Guerra Mundial. Después sirvió para reflexionar sobre la Guerra de Vietnam y ahora analiza las intervenciones en Irak y Afganistán.
Daniel Domínguez Z.
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‘La Guerra de Charlie Wilson’ presenta a un político borracho que colabora a la derrota de la Unión Soviética en Afganistán. |
Los cineastas estadounidenses tardaron en dar su opinión sobre las intervenciones militares de su país en Afganistán e Irak. Cuando se decidieron a hacerlo, el público le dio la espalda a sus películas y solo su desempeño en Europa les evitó el fracaso económico. Encima, la Academia de Hollywood los obvió en la pasada ceremonia del premio Oscar y la crítica cinematográfica les dio su par de golpes.
Hollywood cree en la causa y el efecto. Por eso cada contienda militar logra una reacción diferente dentro de la industria. Durante la Segunda Guerra Mundial, laboró 24 horas realizando 150 películas formativas para uso exclusivo de las fuerzas armadas estadounidenses y otras tantas para educar al espectador sobre el lado heroico de las tropas que combatían en contra de las tiranías en el Viejo Mundo.
Por aquella época, el cine y la fabricación de armamentos fueron de las escasas actividades que dentro de Estados Unidos podían considerarse prósperas. Hasta los jerarcas de Washington crearon, junto con los estudios de Los Ángeles, la Oficina de Información de Guerra, cuyo objetivo era supervisar la difusión de las cintas con contenidos claramente propagandísticos.
El timón tomó otra dirección entre finales de la década del cincuenta y mediados de los años setenta, cuando la Unión Soviética apoyó a Vietnam del Norte y Estados Unidos tendió su mano a Vietnam del Sur. Por ese entonces, el cine underground ofreció una visión cuestionadora de cómo las potencias usaron a Vietnam como un juguete durante la guerra fría y obviamente sus críticas más duras fueron hacia
su propio gobierno. ¿Los jefes de Hollywood?
Miraron a otro lado porque eso no era con ellos.
En octubre de 2001, Estados Unidos bombardeó Afganistán luego que el régimen talibán no colaboró en la captura del terrorista Osama Bin Laden. En marzo de 2003, Estados Unidos encabezó una coalición de países que invadieron Irak porque el dictador Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva, hecho que la administración de George W. Bush después no pudo comprobar.
De esta doble acción militar el cine de Estados Unidos no dijo ni pío. El único que gritó sus cuatro verdades, aunque de forma virulenta y hedonista, fue Michael Moore con sus documentales.
Fue hasta el año pasado cuando se estrenaron cintas en las que por fin los directores y actores dieron su opinión. Así se proyectaron Leones por corderos (Lions for Lambs), de Robert Redford; Expediente Anwar (Rendition), de Gavin Hood; El valle de Elah (In the Valley of Elah), de Paul Haggis; La vida sin Grace (Grace is Gone), de James C. Strouse; Redacted, de Brian de Palma y La guerra de Charlie Wilson (Charlie Wilson’s War), de Mike Nichols.
Declaraciones de principios
Los críticos de cine agradecieron el esfuerzo por usar el séptimo arte para denunciar lo que los directores piensan que los medios de comunicación social se reservan, pero lamentan que ofrecer un mensaje necesario no es suficiente para que una película tengan una terminación redonda.
Lo que sobraron fueron las palizas y las palmaditas en el hombro para estas películas, que generalmente se basaron en hechos reales.
Rendition es sobre una esposa (Reese Witherspoon) que desea encontrar a su marido, acusado injustamente de terrorista y torturado fuera de Norteamérica por la CIA (uno de sus agentes es interpretado por Jake Gyllenhall). El Empire la calificó de “decepcionantemente blanda dado su explosivo material”.
En Lions for Lambs, un docente universitario (Robert Redford) impulsa a los jóvenes a que tengan mayor participación ciudadana, mientras que un congresista (Tom Cruise) tiene una idea sobre cómo vencer en Afganistán y quiere vendérsela como exclusiva a una veterana periodista (Meryl Streep). El Usa Today señaló que si bien sus “personajes hacen buenas observaciones, la película se siente sermoneadora y plana como entretenimiento”.
La violación y asesinato de una joven iraquí por parte de soldados norteamericanos es el punto central de Redacted, que para la revista Time fue “un trabajo asombrosamente lleno de fuerza. La película es una llamada a nuestra vergüenza nacional”.
Grace is Gone cuenta la historia de un padre (John Cusack) que no sabe cómo decirle a sus hijas que su mamá, soldado en Irak, ha sido asesinada en el frente. El Houston Chronicle dijo que “solo con las buenas intenciones no se puede ir tan lejos”.
Por otra parte, Tommy Lee Jones encarna a un veterano de Vietnam, y Susan Sarandon a su esposa, ambos investigan la desaparición de su hijo luego de servir en Irak. Esa es la trama de In the Valley of Elah, que salió triunfante entre los conocedores. Un botón, The New York Times indicó que “debajo de su -aparentemente tranquila- superficie yace un crudo, rabioso y serio intento de comprender las consecuencias de la guerra en Irak”.
Luego vino el turno de Charlie Wilson’s War, que gira en torno a un político (Tom Hanks), mujeriego y borracho, que es convencido por una rica texana (Julia Roberts) para que el Congreso apoye a los muyahidines, que a la larga derrocaron a los soviéticos que tenían sometido a Afganistán. El Wall Street Journal planteó que su “historia es fascinante, pero Nichols y sus actores nunca dejan de recordarnos lo fascinante que es”.
Sin entradas, ni premios
A nivel de distinciones, los aplausos europeos fueron los más sonoros. Rendition ganó una presea en un dudoso festival californiano, Redacted se llevó el León de Plata del Festival de Cine de Venecia y Grace is Gone obtuvo premios en los festivales de Sundance y Deauville (Francia).
En tanto, el drama In the Valley of Elah ganó un trofeo en el Festival de Venecia (Italia) y una nominación al premio Oscar en la categoría de actor principal para Tommy Lee Jones. Mientras que Charlie Wilson’s War tuvo una nominación a la estatuilla dorada para Philip Seymour Hoffman como intérprete de reparto.
Aunque estas películas fueron una responsabilidad de Tom Cruise, Julia Roberts y Tom Hanks, sus resultados financieros fueron para ponerse a llorar. Es posible que sus productores estuvieron a punto de pedir una soga prestada para colgar sus preocupaciones. Todas fracasaron en la taquilla de Estados Unidos y vencieron los números en rojo gracias a su desempeño fuera, sobre todo, en Europa.
Vea los gastos y el poco dinero de vuelta. Por ejemplo,In the Valley of Elah tuvo un presupuesto de 23 millones de dólares y en Estados Unidos obtuvo solo 6.7 millones y en el resto de los mercados 17 millones. Lions for Lambs costó 35 millones de dólares, recaudó 15 millones en su territorio y 42 millones fuera de sus fronteras.
Rendition requirió de un presupuesto de 23 millones de dólares, en la unión americana cosechó 9.7 millones y 13.2 millones en otras zonas globales.
Charlie Wilson War tuvo un presupuesto de 75 millones de dólares, en su país obtuvo 66.5 millones y en el extranjero 36.6 millones. Lions for Lambs se hizo con 35 millones de dólares, en EU recaudó 15 millones y 41.9 millones en el resto del planeta.
El descalabro se lo pelearon dos producciones. Grace is Gone costó seis millones de dólares, en la unión americana hizo 51 mil dólares y en otros territorios un millón de dólares. Redacted se hizo con una inversión de cinco millones de dólares y obtuvo 66 mil dólares en EU y en el resto del mundo consiguió 238 mil dólares.
Hasta la menos comprometida del grupo, The Kingdom, una cinta con Jennifer Garner sobre investigadores del FBI que siguen la pista de un atentado en Arabia Saudí, le fue de la patada, pues demandó 70 millones su realización y recaudó 47.5 millones en Estados Unidos y 38.7 en el extranjero.
Con este panorama, ¿cómo le irá a ‘Stop Loss’, sobre un soldado desertor y a estrenarse en marzo? Está lista para la foto.
Lo que sí se conoce es que la historia pasada fue distinta. Por ejemplo, cintas pro bélicas de los años cuarenta fueron éxitos de boletería como Mrs. Miniver, de William Wyler; Keeper of the Flame, de George Cukor y Air Force, de Howard Hawks. Y filmes en contra de la guerra como M*A*S*H* (1970), de Robert Altman; Coming Home (1978, con Jane Fonda), Apocalypse Now (1979, con Marlon Brando), Pelotón (1986, con Willem Dafoe); Good Morning Vietnam (1987), de Barry Levinson y Nacido el 4 de julio (1989, con Tom Cruise) fueron rentables y ganaron su cualquier Oscar.
Cómo hay de cambios
Para 1942, casi 28 mil trabajadores del negocio del cine, entre ellos 541 actores, fueron llamados a las filas o se alistaron voluntariamente a dar su vida por la libertad del orbe. Bueno, entre más famosos eran, les ponían labores sencillas y seguras. Tampoco el abuso.
En la actualidad es diametralmente opuesto, ya que desde hace seis años ningún intérprete en su sano juicio, ni siquiera aquellos que están a favor de la intervención militar a Irak y Afganistán, ha dicho que tomara las armas para defender al país de las barras y las estrellas.
Durante la Guerra de Vietnam las manifestaciones eran constantes y no se dejaron esperar
las declaraciones públicas de repudio entre la comunidad artística. Ahora, quizás para evitar ser calificados de antipatriotas o para asegurarse trabajo entre los productores de derecha, más de un actor liberal evita hablar en su país extremadamente mal de la política internacional de George W. Bush, y lo hace cuando visita el extranjero, a lo mejor porque allá le sirve al mercadeo de sus películas que tome esa actitud incendiaria.
Cuando la población estaba en contra de mandar tropas estadounidenses a Vietnam, sus artistas estaban siempre dispuestos a dar su parecer. Por estos días, lo políticamente correcto y las técnicas de mercadeo lo dominan todo. Sí, los directores y los intérpretes quieren hacer productos que muevan las conciencias, pero temiendo el rechazo nunca admiten que sus cintas tienen una evidente carga ideológica.
Paul Haggis, el responsable de In the Valley of Elah, declaró a El Mundo de España que la suya sí era una “película política, pero no una que se posicione a favor de los demócratas o de los republicanos. He tratado de hacer una película que no esté a favor ni de la izquierda ni de la derecha”.
John Cusack, productor y protagonista de Grace is Gone, le comentó a El País de España que no acepta el término cine político. “En Estados
Unidos, las cosas son complicadas. Hay dos cajas. La mitad de la población se coloca dentro de una, y la otra mitad, dentro de la otra. Desde ellas se gritan los unos a los otros. Por eso hay que buscar lugares fuera de esas cajas para llegar a la gente que está en las dos. Hablemos de cine humanista, que sí puede romper las cajas”.
Notable contradicción
De acuerdo a la agencia de noticias Efe, al 25 de febrero pasado habían muerto 3,974 soldados estadounidenses en Irak desde que comenzó la invasión en 2003. Solo en 2007 murieron de forma violenta 14,961 iraquíes y 1,167 en lo que va de este año.
Una encuesta del Instituto de Investigación Pew afirmaba en diciembre de 2007 que dos tercios de los estadounidenses se oponían a la guerra de Irak. El 63% de los interrogados se quejó de que los problemas de los soldados que regresan a casa reciben poca atención. Si es así, ¿por qué no van a las salas de cine a dar su apoyo?
“Estados Unidos no quiere examinar la guerra. El público está apático”, se quejó al periódico San Francisco Chronicle el soldado Jabbar Magruder, de 24 años y que luchó once meses en Irak.
“Me afecta mucho que no se interesen por estas
películas”, reitera en la misma nota el camillero Joe Wheeler, de 31 años. Después de un año en Irak, sufre de estrés postraumático.
Pensar que Brian de Palma tenía la ilusión de que estas películas contestatarias sacarían a “la gente a las calles como en los años 60 contra la guerra de Vietnam”. Él y sus colegas se han quedado con las ganas de provocar una revolución social. A lo mejor el estadounidense de a pie está más preocupado por las elecciones primarias para decidir su próximo presidente o por la crisis inmobiliaria que está poniendo en aprietos sus bolsillos.
Las cintas
antibélicas han sido un fracaso de taquilla y han sido obviadas por la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood.