“La música suena diferente frente a la gente, si tocas y nadie te escucha es como si la música se fuera”. Arturo Villarreal
Roxana Muñoz.
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Alfredo Hidrovo, Arturo Villarreal y Priscila Moreno se han reunido en el grupo Los Bossaleros. |
—¿Qué más tienen?
Preguntó, alguien de entre el público, a los músicos después de haberles escuchado varias piezas de bossa nova, género musical brasileño con el que Antonio Carlos Jobim i nmortalizó la gracia de una garota de Ipanema. La respuesta de los artistas: Arturo, Priscila y Alfredo fue interpretar boleros como Perfidia y Quizás, Quizás, Quizás, pero con un gustito de latin jazz. Acertaron.
Empezaron con esta dinámica hace una año, cantando en el restaurante Il Boccallino, en Bella Vista y justo allí, el jueves pasado, se formalizaron como los Bossaleros, nombre que fue primero un chiste y terminó quedándose en serio. A veces se les suma Néstor González, un joven saxofonista.Arturo Villarreal, Priscila Moreno y Alfredo Hidrovo han logrado vivir de su música, cada uno trabaja en proyectos propios, pero por lo menos una noche al mes se reúnen para complacer a un grupo de seguidores que han creado y les escriben o les dicen ‘tóquense esta o aquella’. A veces se la ponen dura, advierte Arturo, porque han encontrado que su público sabe bastante de bossa nova. Las fotos para este artículo se tomaron cantando. Arturo rasgando la guitarra, Priscilla vocalizando en portugués, su otra lengua materna, porque se la enseñó su mamá, una brasileña, y Alfredo, acompañándoles con un pandero.
Arturo Villarreal quedó prendado de la música brasileña por un primo que estudió en Brasil y regresó con una guitarra Giannini y una colección de discos de Jobim. “Me interesó ese ritmo y lo cómico que eran sus letras, fábulas narrativas como las crónicas urbanas de Rubén Blades”.
— ¿Arturo, cómo surge la idea del grupo?
— Surge de un poco de hastío de la oferta musical local. Empezamos a experimentar con la fusión de música latina y jazz, lo que siempre me ha gustado, y a eso hemos agregado la rítmica brasileña que está cargada de poesía.
Empezamos a revisar temas de Carlos Jobim, Djavan, Elis Regina e hicimos un repertorio de 30 ó 35 canciones. Priscilla tiene una biblioteca musical brasileña inmensa de su madre.
Nos empezamos a presentar con esa música. Al principio era Priscilla y la noche de música brasileña. Luego decidimos probar una fusión de rock con la música brasileña y la mezcla del bolero con latin jazz, incluyendo un poquito de soul, que es una manera profunda de cantar y expresarse.
Arturo no recuerda haber pensado de niño:
‘quiero aprender guitarra’. La guitarra estaba allí como la cama o el televisor. No había de otra, que tocarla. Su abuelo fue un violinista ocueño y folclorista. Su papá tocaba el órgano en el Hotel Ejecutivo y en el Hotel El Panamá. De eso vivieron por un tiempo cuando se cerró la
universidad donde su papá era docente. Pero, en casa de los Villarreal la música no podía ser lo único y todos tenían que estudiar algo más para vivir. Arturo se fue a Nueva York a graduarse de administración de empresa. No desaprovechó la oportunidad para tomar allá algunos cursos de música y reunirse a tocar con otros músicos.
Al final se fue por la música. Ahora, dicta clases privadas. Desde hace seis meses enseña en la escuela de Omar Alfanno, donde intenta aguijonear a sus estudiantes para que escuchen otra música, no solo la de la radio o la televisión tradicional, y los alienta para que toquen con amigos, formen bandas y escriban su propia música.
Aunque habla de la enseñanza con entusiasmo, él, como músico, ve como un imprescindible tener un público. “La música suena diferente frente a la gente, si tocas y nadie te escucha es como si la música se fuera”.
La voz
En torno a Priscila Moreno nacen los Bossaleros. Ella habla portugués y desde niña tuvo en casa una extensa discografía de bossanova, samba y otros ritmos brasileros. Incluso al principio el espectáculo se llamaba Priscila Moreno y la noche de música brasilera.
Pero su inclinación inicial fue el pop y ese fue el género de su primer disco en 2005. Ha participado en diferentes proyectos musicales.
Ella no lo recuerda, pero sus papás siempre le cuentan que en la cuna, con dos años, tarareaba el himno nacional que se oía cada noche al final de las programaciones.
La primera vez que cantó frente a un público, no familiar, tenía cinco años, y lo hizo en portugués. Fue un acto de preescolar donde la maestra la convirtió en estrella por un día. De adolescente, a mediados de los noventa, ganó un concurso y el premio fue una guitarra. “Con esa guitarra tenía que hacer algo bueno, y me puse a componer”, dice con chispa.
No estudió música. Se graduó de mercadeo, que le ha ayudado a mercadearse como artista, y ahora estudia diseño gráfico porque: “siento que tengo muchas ideas que quiero expresar”. Ahora está tomando clases de baile. Prepara su segundo
disco y está en el elenco de La Bella y la Bestia que se estrenará este año.
— ¿Qué puede esperar la gente que asiste a una de sus presentaciones?
— Son presentaciones muy interactivas, donde la gente se levanta y baila, no importa si tienen dos pies izquierdos. Es muy personal. Muchas veces no hay una tarima que nos separe de la gente, es como una fiesta. Las personas aunque no hablen portugués cantan, lo pronuncian medio medio,
pero se sienten contentos. Todos estamos allí para pasarla bien,
— ¿Qué tiene el bossa nova que la gente se identifica?
— Bossa nova es una variante de la samba. Es melancólica y emocional, aunque esté en otro idioma la gente se identifica con esa alegría y esa melancolía independientemente de los idiomas. Por otro lado, el bolero es la música con la que todos los latinos hemos tenido contacto y por eso conectamos con él.
¿La hora del artista?
Alfredo Hidrovo ríe con frecuencia. Su carcajada es contagiosa. Tiene su propio estudio musical donde ha hecho música para producciones, graba jingles. Estudió en Berklee College of Music en Boston, una de las primeras escuelas musicales en enfatizar en la enseñanza de la música contemporánea. Vivió 15 años en Nueva York, regresó a Panamá en 2004. Un año después empezó a trabajar con Priscila Moreno como su baterista. Alfredo también acaba de sacar su disco.
Explica que los Bossaleros no solo tocan bolero y bossa nova, sino también música variada y agradable. “La canción que es buena lo es porque en el momento en que la escuchas te gusta, y se te queda”. Ese es el tipo de canciones con el que trabajan. El reto es siempre mejorar el espectáculo. Panamá es un país chico y la gente no quiere ver dos o tres veces el mismo show.
— ¿Y están trabajando en composiciones propias?
— Para una artista manifestar sus canciones es importante. La gente nos pide a Jobim y se lo damos, pero tenemos más que decir.
— Ustedes han logrado vivir de su música, algo que muchos creen que es imposible en Panamá.
— En este negocio te mentalizas que debes buscar cada hora de trabajo. Calculas cuántos eventos tienes que hacer para vivir al mes: tres, cuatro, 15… No tienes algo asegurado, a veces no sabes ciertamente de dónde va a venir la plata. A veces hay, a veces no. Además tienes que reinventarte, en el momento en que no lo haces, eres como agua que se estanca. Esa presión psicológicamente es difícil, pero no me veo haciendo otra cosa… jajaja.. aunque a veces piense en empacar mis maletas y hacer algo como todo el mundo.
— En serio ¿te dices eso?
— Uf, a cada rato. Sí, porque es difícil, todos tenemos que comer, pagar renta y no es que yo vea la música como un negocio, pero tiene que ser un medio de subsistencia, que puedas vivir bien como un banquero u otro profesional. O incluso tener dinero extra para ayudar a otros, que eso lo han hecho muchos músicos.
Alfredo se fue en 1984 a estudiar a Estados Unidos. Los tiempos eran muy distintos. El canal de música MTV tenía dos años, las tecnologías como los discos compactos, los teléfonos celulares o la internet eran un sueño, ni hablar de un video educacional donde un estudiante pudiera aprender un acorde de guitarra. Él siente ahora que Panamá ha crecido y su ambiente musical también. Aunque al músico se le sigue pagando poco, ahora se escuchan más géneros y la música típica ha ganado un lugar. En internet hay páginas sobre músicos panameños. Él confía en que por fuerza se avanza. “Los extranjeros que vienen a Panamá quieren ver algo más que palmeras, quieren música, espectáculos, teatro y eso se lo vamos a dar los artistas”.