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2 de marzo de 2008 :: Edición 281

Libros

La alegría de vivir



Berna de Burrell

La carretera, de C. McCarthy, premio Pulitzer 2007, es lectura obligada. Contundente, precisa, con imágenes que no solo llegan, sino que se incrustan en el alma e infligen un dolor que siempre supimos que era posible, pero fingíamos no temer. ¡Qué prosa tan bella! Hace llorar un poco y recuerda a Rulfo, un Rulfo norteamericano: un Faulkner.
Un ambiente hostil, “holocáustico”, abraza y acuna a un padre y a su hijo. Huyen unidos “cada cual el mundo entero para el otro”. Uno, tratando de salvar al hijo, ungiéndolo con la miseria a la que fue reducida la vida donde no hay vida; respirando el hálito putrefacto de la basura, del miedo y de la muerte. El niño tratando de que su padre no temiera, que él sí entendía. Maduro a trompicones mortales, nació el día de su muerte e inició una niñez que no existía aunque su padre le contara cuentos en las noches cenicientas y a ratos oscuros de terror, cuando veía el horrendo rostro de la peor muerte, en vez de aguas límpidas, flores, pájaros o mariposas. Había sucedido lo advertido: “No hay un solo profeta en la larga crónica de la Tierra que no encuentre hoy aquí su razón de ser. Teníais razón, hablárais lo que hablárais”.
No concuerdo en absoluto con los que no les gustó el final, me pareció el mejor. Solo por ello podré resistir el recuerdo de la verdad. Era necesaria junto al horror, única posibilidad de verosimilitud esencial. El hombre está hecho también para el dolor, pero solo cuando tiene esperanza, aunque ésta penda imposible de la más amarga y candente espina.

Cormac McCarthy
Novelista de culto de las letras estadounidenses, nacido en 1933, considerado entre los cuatro mayores de su tiempo. No concede entrevistas; en la única, dijo: “Leí mi primer libro a los veintiuno, estaba en el ejército, destinado a Alaska, no tuve opción...” Becado universitario, vivió en Ibiza. Luego, en moteles, en Texas. Su primera obra, El guardián del vergel, la publicó allí, el editor lo había sido de Faulkner, de quien se le siente alguna deuda. De su mejor cosecha: El hijo del jardinero, Meridiano de sangre, Todos los hermosos caballos y No es país para viejos (llevada al cine).

TIERRAS DE CRISTAL
Es como la última frase de un libro.
[Alessandro Baricco]

El autor de Seda, antes nos obsequió esta obra, igual de delicadamente bella. Muestra que “la vida es un vaso que hay que beber hasta el fondo”. Sobre un hombre que solo desea poseer un ferrocarril para sentir el vértigo de la velocidad, con una esposa “cuya belleza inspiró a Dios ‘la extravagante idea de pecado”. Ah, y un inventor de artilugios imposibles, en busca de la nota musical inexistente. Y más personajes y más magia.

OCÉANO MAR
Las nubes mueren, pero no es cierto que lloren.
[Alessandro Baricco]

Creo que el mar es el mejor regalo que ha hecho la naturaleza a todos. Tan insondable que no hay que temerle, tan eterno que no puede sernos intrínseco. Pero esa infinitud líquida no solo lleva, también trae. Ellos venían de todas partes, con sus vidas a cuestas... buscando el amor, o abandonándolo. El mar, como un padre deífico, les obsequió todo el futuro posible.

SIN SANGRE
La crueldad es castigo del hombre, no de Dios.
[Alessandro Baricco]

El odio, la crueldad y la venganza desmedida son ácronos..., pero no importa cuándo pasen, son devastadores. Cuánto podía valer esa niña que vio una sola vez y de la que solo sabía el nombre. Pero apostó su hacienda, su vida, y se la ganó. Se casó con ella dieciséis meses después de aquel juego de póquer y le dio tres hijos. Ya había ocurrido todo, pero entonces...


 
 
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