Mosaico :: Asamblea de lectores :: mosaico.prensa.com
 
 
2 de marzo de 2008 :: Edición 281

La última palabra

Asamblea de lectores

No se sometieron a votación resoluciones, pero en el ánimo y en las expresiones de todos los asistentes estuvo el propósito de contribuir con el progreso educativo y cultural.

Rafael Candanedo

No hubo quórum, pero sí lleno completo. Una distinguida representación de los usuarios de esta columna asistió en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero al bautizo de mi libro de gramática aplicada titulado La última palabra. Un abanico de participantes. De todas las edades. De distintas actividades. Desde Rafaela Candanedo, de 11 años, hasta el nonagenario Luis Oscar Miranda.
Fue providencial que el escenario fuese la Sala de Uso Múltiple, en el tercer piso de uno de los espacios más singulares de Panamá: la sede de la Biblioteca Nacional, donde se respira paz y sabiduría. Un clima de fraternidad nos invadió cuando Yomira, con el acompañamiento en la guitarra del maestro Pedro Franco, interpretó el primer verso de una de las canciones que más representa la “latinoamericanidad”: Gracias a la vida, de la poetisa chilena Violeta Parra.
Con la maravillosa voz e interpretación de Yomira, sellamos un momento singular de encuentro de personas, muchas de las cuales nos veíamos por primera vez, que, a través de esta cita dominical durante cinco años, con sus dosis de humor, hemos apostado al progreso educativo y cultural de nuestro querido Panamá, a través de la reafirmación del compromiso por la salud de la lengua materna.
La artista no se quedó quieta -dicen que movía sus manos como si estuviera despidiendo una bandada de mariposas: cantó además Mi último bolero, del Chino Hassán, y Piensa en mí, de Agustín Lara, con un preludio de la ópera Carmen, de Bizet. Ovación de los participantes lectores. Un repertorio sintonizado con nuestras inquietudes. Sintonía que ella mantuvo hasta en la blusa color amarillo guayacán en simulación al color de la portada del libro, en la que se expone una pintura figurativa del maestro Eudoro Lolo Silvera. “No es La última palabra; es Mi último bolero”, remarcó en el pregón la sin par Yomira.
Berna Calvit Bermúdez fue la presentadora de la obra. Aunque la revista Mosaico, la Corporación La Prensa y yo invitamos al acto, durante la bienvenida varias personas me revelaron que habían ido a conocer personalmente a la escritora y comunicadora social, ampliamente conocida por un estilo original en sus artículos periodísticos y en sus emisiones radiofónicas a través de KW Continente.
En su conferencia, Berna reseñó mi libro, recordó a la maestra Elsie Alvarado de Ricord y expuso, sustentada por citas de estudiosos como Demetrio Fábrega, Rafael Ruiloba y Pedro
Salinas, una posición personal sobre el devenir de la lengua española.
Expresó: “Cuando algún gobierno logre entender la importancia del idioma como instrumento de enseñanza, de aprendizaje, y de comunicación inteligente, será cuando empezaremos a superar el atraso cultural que nos aqueja”. Y añadió: “¿Llegará el día en que los gobernantes se pregunten, como hace Pedro Salinas en su obra La responsabilidad del escritor, “…si es lícito quedarnos, como quien dice, a la orilla del vivir del idioma, mirándolo correr, claro o turbio, como si nos fuese ajeno?”.
En la asamblea no se sometieron a votación
resoluciones, pero en el ánimo y en las expresiones de todos los asistentes estuvo el propósito de contribuir con el progreso educativo y cultural de nuestra Nación y de respaldar los esfuerzos de Mosaico, una revista que no pasa desapercibida.

*El libro está a la venta en Exedra Books, El Hombre de la Mancha, Gran Morrison, Cultural Panameña y librería Didáctica.

Lo dijo

Avenida Alfaro. Doble AA. Una desconsideración hacia un prestigioso compatriota, que nos legó su sapiencia y conocimientos y nos representó incluso en la construcción de los pilares de las Naciones Unidas. A la vía que debía honrarlo con su nombre, un impulso colectivo de autodestrucción prefiere nominarla Tumba Muerto. Así somos y nada nos sonroja ni nos avergüenza. Se trabaja cada día para sepultar ese nombre. Alguien inmortalizó a través de las ondas hertzianas ese afán contra ese asfalto en parte raído de la transitada avenida. Valen hasta construcciones gramaticales. Lo relató en la Biblioteca Nacional ‘Ernesto J. Castillero’ la distinguida dama Berna Calvit Bermúdez: “Un devastador ‘lo que’ borró del mapa la Avenida Ricardo J. Alfaro al decir el reportero: ‘El accidente ocurrió en lo que fue la Ricardo J. Alfaro’. Para poner la noticia en pasado el reportero nos dejó, ¡con dos palabras! sin tan importante avenida. Ni que hubiera sido ministro. ¡Como para volvernos locos, el “loqueísmo”!”.


 
 
Derechos Reservados 2008
Corporación La Prensa