6 de abril de 2008 :: Edición 286

Libros

El humor de los cascarrabias


Berna de Burrell

Un libro para sorprender, y cómo. Las llamadas perdidas de Manuel Rivas dejan con deseo de más. Cuentos que cuando acaban, allí no queda la cosa, siguen con nosotros. Es que no sabemos a qué atenernos con sus finales impredecibles. Mucho después nos preguntamos por qué pasó esto o imaginamos aquello, y aquel personaje, ¿será posible el horror de que haya existido? No obstante, algunos de los relatos nos hacen guiños dulces, desearíamos que continuaran, pero tememos el derrotero que elijan, podrían cambiar y parecerse demasiado a lo conocido.

Otros tienen finales que dejan una tristeza difícil de completar, como si nos la dieran inacabada para que halláramos un final a la medida de la que provocan, y que no seremos capaces de lograr por el temor a romper esa realidad inventada que gusta y que duele, aunque no sepamos cuánto más lo uno o lo otro. Derroche de penas que han “... perdido su frescura amarga, ese sabor a escarolas que tienen las penas cuando todavía alimentan”. Se puede ser romántico hasta morir: “...por todas las cartas sin respuesta. No lo creerás, pero mi corazón atravesó mil veces el océano en tu busca. Cuando eso ocurría, no tenía papel a mano” y seguir con vida.

Me gustaron esos cuentos: Tan reales, que en ellos la vida nos pisa los talones, y tan bellos, sin embargo, que si le correspondemos, ella no nos juzga, nos enamora y somos capaces de salir a su encuentro a despeinarnos. Y también, los lugares inhóspitos que describe en que la vida se hace jugosa, alegre, bendecida y se renueva para redimirnos: “En el invierno de Uz, hay que decirlo, el sol era forastero”. Y entonces digo: bendita seas, literatura.

Manuel Rivas

A Coruña, 1957. Escritor español que siempre estará de moda. Con desenfado opina que el periodismo es un cuento, y así tituló a la compilación de sus artículos, pero venera esa vocación y dice: “la escritura es un ejercicio de expresión estética, un compromiso con el trabajo artístico a través de las palabras”. Prolífico, ha obtenido, entre otros, los siguientes premios: de la Crítica española; Crítica gallega; Torrente Ballester, y el Nacional de Narrativa, por La lengua de las mariposas, llevada al cine. El lápiz del carpintero, excelente novela, premiada por el de Crítica española, y el de Amnistía Internacional.

El lápiz del carpintero
De una prisión salió el poema más hermoso
[Manuel Rivas]


¿Quién no ha visto en la oreja de algún viejo carpintero el cabo de un raro lápiz plano, con punta gruesa y achatada? Un lápiz especial. En esta inolvidable obra, que no va de carpinteros, hay uno que tampoco es un lápiz cualquiera, de mano en mano es el leit motiv, y con él dibujan, donde pueden, pintores condenados a muerte, el Pórtico de la Gloria, y perpetúan su horror y el de sus compañeros de presidio.

Los libros arden mal
Cómo se recupera la memoria de todos
[Manuel Rivas]


Palabras del autor: “Fue una auténtica sorpresa cuando apareció el libro, A Coruña es una ciudad muy culta e ilustrada y fue como si no se lo creyeran. Sabían que durante la Guerra Civil y la Posguerra se habían vivido situaciones duras, difíciles, pero ignoraban que en sus plazas se hubiesen quemado libros. Se generó un sentimiento de vergüenza”.

Enviados especiales
Un periodista debe escribir como escritor...
[Manuel Rivas]

...y los escritores, intentar hacer periodismo. Hoy parece ser fusión obligada, y este excelente libro muestra la clave: “la pasión por las letras”. No es posible ser escritor sin necesitar algún día denunciar la injusticia. Tampoco, ser buen periodista sin amar las letras; quien se cree periodista y escribe para informar sin pulir el estilo o cuidar la forma, está condenado a perder la magia de una noble profesión.


 
 
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