6 de abril de 2008 :: Edición 286

La última palabra

La ventaja del león

Ten cuidado con quien te asocias el más fuerte puede quedarse con lo mejor advierte la fábula de Esopo.

Rafael Candanedo

Leonino. Un león, un asno y una zorra se asociaron para cazar. La zorra diseñó el plan. El asno galopó por la selva espantando a los animales para que corrieran en dirección del león. El león capturó a los animales. Pactada la distribución del botín en partes iguales, el león se abalanzó contra el asno y lo mató. A la zorra informó: la primera parte sería para él por ser el rey de la selva; la segunda también para él por ser socio, y “la tercera parte me la dejas si no quieres que te pase lo mismo que le pasó al asno”. Ten cuidado con quien te asocias: el más fuerte puede quedarse con lo mejor. De esta fábula, atribuida a Esopo (siglo VI a. C.) o Fedro (XV a.C.), surgió el adjetivo ‘leonino’ con el significado de aquello ventajoso para una sola de las partes, la más fuerte. Pariente de la frase ‘la ley del embudo’. (Las transnacionales imponen contratos leoninos).

Genocidio, multicidio. La terminación ‘cidio’ significa ‘acción de matar’. La hay individual, como homicidio, parricidio, filicidio y suicidio, y la colectiva, como genocidio y multicidio. El prefijo ‘multi’ significa ‘muchos’. ‘Genocidio’ y ‘multicidio’ representan el exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por raza, etnia, religión, política o nacionalidad. ‘Genocidio’ es de uso más común. El genocida siempre esconde la mano. A pesar de que han transcurrido casi cien años, aún Turquía debate si fue ‘genocidio’ el exterminio de una considerable parte de la población de Armenia. Hitler y sus secuaces acabaron con millones de personas durante la II Guerra Mundial. En Ruanda y Uganda se ha registrado matanzas de miles y miles de personas. Para declararse como ‘genocidio’ ¿cómo debe cuantificarse el exterminio? ¿Es ‘genocidio’ aquella eliminación de personas durante las dictaduras que sufrimos en Latinoamérica en la segunda mitad del siglo XX?

Cocodrilo, caimán, lagarto. Son reptiles distintos, como distintos son el sollozo, expresión del dolor, y la lágrima de cocodrilo, aquella que se finge. Con una extensión de cuatro a cinco metros y de color verdoso oscuro, el cocodrilo tiene la lengua corta y el hocico oblongo. Nada y corre con rapidez y es voraz. El caimán es parecido, sin embargo es algo más pequeño, con el hocico obtuso y las membranas de los pies poco extensas. El lagarto, por su parte, tiene la cabeza ovalada, boca grande, cola larga y cónica, y patas cortas y delgadas. Ágil e inofensivo. En algunos países centroamericanos y como uso regional, se les llama ‘lagarto’ a todas las variedades.

Faz. Rostro o cara. En sentido figurado, existe la expresión ‘la faz del país’. Es para indicar que algo se formulará ante el rostro de todos. Una denuncia, una comunicación.

Impetrar. Conseguir algo que se ha solicitado y pedido con ruegos. Por extensión, es una petición formal. Sobre todo ante los tribunales.

Inteligencia, desinteligencia. ‘Inteligencia’ es la capacidad de entender o comprender. De resolver los problemas. El conocimiento, el acto de entender. Tiene una amplia proyección. Por contraste y con un peso regional en países del Cono Sur (Argentina, Uruguay y Chile), ha surgido ‘desinteligencia’, aquel error de interpretación, incomprensión o desacuerdo. (Manifestó desinteligencia en el fallo).

Traquetear, chirriar. ‘Traquetear’ es agitar algo; hacer ruido o estrépito. ‘Chirriar’, voz onomatopéyica, es el sonido agudo al penetrar un calor intenso, como a la hora de freír. Es también dar chillidos (por ejemplo, el canto que desentona, de aves y humanos).

Mesiánico. En periodo electoral se siente un tufo a mesianismo, como si a alguien se le hubiera ocurrido transformar los sempiternos hedores de la bahía de Panamá. Mucho discurso mesiánico. El ungido, el Mesías, el salvador de la patria. Ayúdeme y adáptelos al lenguaje de género. ‘Mesiánico’, adjetivo, y ‘mesianismo’, sustantivo, representan aquella confianza desmedida en un agente bienhechor que se espera. Surgen de Mesías, el hijo de Dios, descendiente de David y prometido por los profetas al pueblo hebreo.

Lo dijo

Afortunadamente. Infeliz, sin fortuna, en el territorio nacional, sobre todo en el lenguaje administrativo, es el adverbio ‘afortunadamente’, que significa ‘por fortuna’ y ‘felizmente’. Un funcionario se desgañita y asegura:

“Afortunadamente hubo pocos heridos”. Pregúntele a cada uno de los heridos si es una fortuna estarlo. Pudo haber sido peor. Hace un año un colega de él había indicado que “afortunadamente solo hubo 13 muertos”. La tuya.


 
 
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