Benaim es hoy lo que siempre ha dicho ser: un director de cine.En el camino ha hecho casi de todo, siempre que casi de todo tenga que ver con creación.
Paco Gómez Nadal.
Eric Batista |
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“Yo no quiero hacer una película. Quiero que funcione bien para hacer una segunda”. |
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Abner filmando “Chance” en un gimnasio de la ciudad. Ve en la ciudad un “nido de historias vírgenes”. |
La pregunta es qué hace Abner Benaim en los cuatro minutos al día que, según calcula, no piensa en Chance.La pregunta podría ser qué siente una persona cuando sus sueños dejan de serlo.Esforzándose un poco, la pregunta correcta debería ser cuánta energía debe concentrarse para que una película sea realidad y para que un hombre sea tan, tan feliz.Las respuestas, concentradas como todo lo intenso, están en una casa de locos en el barrio de San Francisco, donde un cartel en blanco y negro de Apertura Films solo hace intuir que dentro algo de película sucede.
Víctor, Yolanda, Carlos o Bernardo están compartiendo espacio.La tranquila productora en la que se han ganado la vida y a la que le han puesto mucha vida en los últimos años, ahora aloja a otras 30 personas de acentos diversos.Se trata del equipo técnico de Chance, el primer largometraje de ficción que va a dirigir el panameño Abner Benaim y que, a pocos días de comenzar su filmación, cuenta con la bendición-coproducción del exitoso mexicano Matthias Ehrenberg (Rosario Tijeras, Sexo, pudor y lágrimas o Vivir mata) y con la mayoría de las locaciones y los actores seleccionados.
Benaim habla de su película que desde el pasado 28 de abril ya está filmando.En una pequeña hoja arrancada de un calendario de mesa ha apuntado las tres cosas de las que no le gustaría conversar (plata, casting y
argumento).La dobla satisfecho cuando comprueba que los tiros vienen por otro lado y mira con complicidad a su asistente de dirección, el mexicano Víctor Herrera.
Dice Abner Benaim haberse descubierto tranquilo frente al estrés y emocionado ante el nacimiento de la criatura, Chance, que escribió frente al mar con su amigo Papus von Saenger.También se le nota contento por confirmar que su apuesta ha sido ganadora cuatro años después de volver a Panamá.
“Nadie hubiera dicho entonces que aquí iba a venir James Bond, probablemente uno de los mayores proyectos cinematográficos que puede haber.Es el equivalente a que Trump o Philippe Starck hayan llegado al mercado
inmobiliario nacional”.El optimismo del director panameño es contagioso y escuchándolo hay muchas posibilidades de sentirse viviendo un momento histórico para el país: “Las cosas se empiezan a dar, puede darse un boom cultural.Hasta por carambola, porque nadie lo planteó”.
Abner Benaim, panameño 100% pero que, antes de instalarse con Apertura Films en el mercado nacional, viajó, estudió o rodó en Italia, Israel, Cuba o Estados Unidos, tiene una mirada latina, casi centralera de lo que ese boom cultural es o debe ser y de cómo eso se traduce al cine.“El hecho de que no haya ópera o lecturas de poesía en cada esquina no significa que en Panamá no haya cultura.No es la cultura de Viena, es la de Panamá.Cuando pienso en la identidad, siento que está ahí, muy fuerte, pero que casi nadie la ha puesto en palabras [o en imágenes, agrego yo].Es como si los panameños estuviéramos viviendo un proceso… como de adolescencia frente a la identidad”.
En esta parte de la película es cuando Abner piensa que las películas tienen mucho que hacer: “En Panamá, la palabra cultura es un insulto y, en eso, el cine tiene una ventaja y es que es cultura camuflada.A la gente le encanta el cine, no tienes que convencerla de que el cine es bueno.Esto es un problema para un bailarín o un poeta, pero no para un cineasta.Otra cosa es que tu peli guste o no”.Pero… entonces, por qué ahora el boom del cine en Panamá.“Durante 30 años la gente ha estado hablando de cine en Panamá, pero, ahora, que ven que se hace una, dos, tres, cuatro películas, los cambios pueden darse muy rápido”.
‘Boom’ por carambolaEse proceso lleno todavía de granitos no deseados y de cambios de humor, se está alimentando también del curioso puente aéreo que Panamá tiene en este momento con el mundo.“El hecho de que venga tanta gente a vivir o a conocer el país, muchas veces por la carambola de los negocios, está generando muchas cosas.Porque al segundo día se cansan de estar en la playa y se ponen a hacer algo”.Un algo que usted puede traducir por escribir un libro, pintar, organizar acciones culturales o… hacer una película… por qué no.La identidad panameña es cruzada y alimentada por muchos acentos e intereses, “como siempre lo ha sido”.
Esa identidad, la de la mezcla, el Panamix (como ya lo tradujo Benaim en el libro que publicó con Gustavo Araujo), está en la calle, en las caderas de una chino-panameña bailando salsa, en el lenguaje cotidiano, en un paseo por la Central, en una cevichería de la Calle 50 o en las nalgas ahumadas —y pintadas— de un “diablo rojo”.Esa es la que Benaim quiere utilizar en Chance como historia y no como locación.
“Es cierto que Panamá está de moda ahora como locación, por los sitios increíbles que tiene el país.Pero a mí me encanta la ciudad de Panamá.Es un nido de historias, historias vírgenes.Es un hallazgo increíble si
estás en el mundo de crear”.Que las palabras del director no son discurso ya lo demostró con El otro lado, la serie documental que en 2005 sorprendió a muchos televidentes con historias tan cotidianas como ocultas entre el tráfico y la pátina de la normalidad.
Un enterrador, un fotógrafo de sucesos o un preso de La Joya entraron a las casas de bien gracias a Apertura Films.Que la ciudad es más que una locación lo va a practicar Benaim con Chance, una historia de humor negro tropicalizado donde empleadas del hogar machacadas por la injusticia pasan a la acción.
Todo en marcha
En las paredes de Apertura cuelgan fotos de cada uno de los rincones de la ciudad que van a servir de decorado en las tres o cuatro semanas de filmaciones, de los actores y extras que juegan algún papel en Chance… también hay paredes para muestrarios de telas, rincones donde pintar o construir, y mientras Abner Benaim recorre estos pasillos a cuyos lados surgen las improvisadas oficinas como madrigueras creativas clandestinas, hay preguntas que comportan decisiones para cualquiera de los dos profesionales que él resume en uno: director y productor.
En los días previos a la hora cero, su principal dolor de cabeza fue encontrar la casa donde se filma el grueso de la película —“vimos como 70”-.Pero no para.Los cuatro minutos de asueto chancero todavía no han encontrado su espacio y Benaim se multiplica para cumplir con todos los compromisos.
CoproducciónCon Colombia y México el vínculo es ahora total.La película es “100% panameña”, pero la coproducción con Río Negro, la exitosa empresa de Ehremberg, aporta equipo técnico muy experimentado en largometrajes y un canal de distribución internacional cuando Chance esté lista, a finales de este intenso año.
La envergadura del proyecto es abrumadora e ilusionante.Quizá por eso la efervescencia en Apertura en estos días no es la de un Alka
Seltzer en día de goma, sino la de muchacho vistiéndose antes de su primera cita.
Benaim es hoy lo que siempre ha dicho ser: un director de cine.En el camino ha hecho casi de todo, siempre que casi de todo tenga que ver con creación.Documentales, videos institucionales, fotografía, performance…pero siempre como una letanía, a quien lo quisiera escuchar, él repetía que todo era un camino para ser lo que siempre ha querido ser: director de cine.
Quizá por eso vivió momentos únicos colaborando con su equipo de Apertura Films con Werner Herzog (¡Fitzcarraldo!) y con Harmony Korine en Bocas del Toro, hace dos años, o debió sentir la sangre hirviendo cuando ganó en el New York TV Festival con El otro lado.Las señales eran muchas y el objetivo se acercaba.
Ahora está sentado sobre él.Su pelo, ya una seña de identidad (aunque osara cortárselo en una performance para la VI Bienal de Arte de Panamá) se abre como queriendo abarcar todo lo que le está ocurriendo y no se encoje cuando habla del futuro.“Yo no quiero hacer una película.Quiero que funcione bien para hacer una segunda, y que esa segunda tenga éxito para hacer una tercera.En un mundo ideal, yo solo haría proyectos que me interesan, como diría la mayoría de los artistas que nos movemos en un mundo comercial.Pero sé que no es verdad y no me desilusiona.Creo que con casi todo puedes divertirte, por eso a lo que aspiro es a no hacer cosas que lo único que me den sea dinero”.
De momento, un largometraje y un documental esperan a que pase el chance de Abner para ser paridos en esta casa de San Francisco, donde algunas paredes sin acabar recuerdan que aquí se construye algo.Quizá un sueño que el día que llegue a las salas de cine dejará de serlo.