Conocimiento del infierno, la tercera novela de la trilogía autobiográfica de António Lobo Antunes, en ella cuenta precisamente de las tragedias de la demencia. Extraordinaria; hacía mucho que no me sumergía en páginas literarias tan densas y a la vez tan transparentes. Como si la perfección se fuese en profundidad y sabiduría, y aún así, fuésemos capaces de entender. Quizás sea porque de una forma u otra alguna vez hemos atisbado ese enajenado mundo infernal que, a pesar de nosotros, existe muy cerca, y no tan ajeno como aparenta. Lo palpamos, aunque no como en esta novela. A su autor no le interesa llegar sólo a nuestro intelecto, apunta directo al corazón de la humanidad entera. Lo que narra es tan cruel, y sin embargo, subyace la ternura y hasta el humor, que pareciera que cultiva gusanillos de esperanza criados con el mismo dolor de lo que denuncia. Así escuece.
A pesar del título y del tema, hay tal derroche de prosa poética y sucesión de imágenes polisémicas, que embriagados de belleza nos dejamos ir tras la angustia pura de una realidad horrenda. La que él se negó a seguir contemplando: la de las prácticas psiquiátricas utilizadas aún, la ciencia que casi no sana, sino que tortura; y el sufrimiento, el dolor de los locos, los habitantes de ese espacio solitario al margen del de los cuerdos. Y también de ese otro infierno, el que presenció en la guerra de independencia de Angola. Sus dos temas recurrentes, alucinantes y dolorosos. “La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia”, Poe. Pero, ¿acaso sabrá nadie qué es exactamente la locura?
António Lobo Antunes
Un psiquiatra que más bien ejerce la creación literaria y el periodismo. Militó en el Partido Comunista y, desencantado, lo dejó. Escribe sobre aquello de lo que más se conduele, los enfermos mentales. Y también de la guerra de liberación colonial de Angola. Nació en Lisboa, ha sido candidato al Premio Nobel de Literatura. De su prolífica obra recordamos: Exhortación a los cocodrilos; ¿Qué haré cuando todo arda?; Buenas tardes a las cosas de aquí abajo; Yo he de amar a una piedra... Como todas, son el resultado de un perfeccionista que trabaja la palabra hasta sus últimas significaciones
TRATADO DE LAS PASIONES
Desnuda el alma, la palabra hasta su máxima consecuencia...
[António Lobo Antunes]
En esta novela el autor narra el enfrentamiento de un terrorista y un juez. La disparidad de opiniones y las diferencias ideológicas que separan a dos hombres que habían sido amigos de infancia. Y la ponzoña de la desigualdad. El juez, hijo de la familia campesina que trabajaba la tierra de la que era dueño el abuelo del terrorista. Incisiva, la obra penetra en las pasiones ocultas del alma.
Memoria de elefante
Los recuerdos no se van
[António Lobo Antunes]
El autor permite ahondar en su propio sufrimiento. El porqué de la psiquiatría como profesión, y luego, por qué la ejerce sólo en su tiempo libre, pero en cambio dedica todo a su primera pasión, la literatura. Comienza a escribirla cuando aún está casado con su primera esposa, al concluirla el matrimonio había acabado. Ese dolor personal aflora, y el resultado, la excelencia.
Buenas tardes a las cosas de aquí abajo
“En Angola aprendí a no tener miedo de tener miedo”
[António Lobo Antunes]
Del nuevo ciclo de temas intimistas. Es de las mejores obras de L. A. Construida con voces de acá, que escaparon del más allá, pero que se quedaron en el infierno: la guerra colonial africana. Fue peor la posguerra en un país de negros desesperados, gobernado por blancos sin escrúpulos. Aquellos, con esperanza de independizarse; estos, con la idea de volver a traficar diamantes.