Nadie sabe tanto de organización de nupcias como ella, formidable casamentera que organiza nupcias normales, curiosas y francamente insólitas.
Un amigo mío panameño que decidió casarse con quien ha sido su novia de muchos años me pidió el otro día que averiguara cómo era el asunto de los matrimonios en Cartagena, una de las ciudades más hermosas del mundo. Parece que estas bodas están de moda. Como las funciones de alcahueta matrimonial no forman parte
de mis especialidades de periodista, pedí ayuda a Ileana Rodríguez, formidable casamentera, que desde sus cuarteles generales en Cartagena organiza tres clases de bodas: normales, curiosas y francamente insólitas.
Esta mujer atractiva y simpática, que viste de elegante blanco y parece siempre recién bañada, cumple su labor con impasible sentido profesional. Si el novio pide que un pulpo le lleve la cola a la novia, Ileana solo preguntará: "¿De qué color quieres el pulpo?".
Ella ha casado a solteros, a divorciados, a lunáticos que repiten matrimonio por cuarta vez, a muchachas con viejos y a viejas con muchachos. Si continúa reformándose la institución matrimonial, seguramente abrirá un departamento para bodas del mismo sexo, otro —en asocio con funeraria de primeras categoría— para uniones inmortis, e incluso un servicio de asistencia veterinaria para el momento en que lo dejen a uno casarse con su mascota preferida (se lo tengo prometido a mi perra doméstica: por ahora somos apenas pareja de hecho) o se oficialicen aquellos amores con "la pelá" que, según dicen, no son extraños en las tórridas tierras caribes.
No crean que exagero: todavía no hemos visto nada...
Ileana atiende toda suerte de caprichos sin que se altere su sonrisa espontánea y permanente y sin que la sonrisa mengüe su eficacia. Nadie sabe tanto de organización de nupcias como ella. Su oficina cubre desde peticiones de mano (si la novia es manca, ella suministra una preciosa extremidad de material impermeable) hasta noches de boda. En esta eventualidad, ella escoge el colchón extrafuerte, la champaña francesa, el deshabillé negro y la pastilla de Viagra, que esconderá discretamente en la piyama del recién casado. Lo demás corre por cuenta de los novios. No todo puede ponerlo Ileana.
A lo largo del proceso, recomienda el traje a la prometida ("Olvídate, niña, no se vería bien un vestido ombliguero de novia, y menos con ese embarazo de seis meses que tienes"); dispone la mesa de exhibición de regalos; monta la ceremonia religiosa ("¿Prefieres que el cura sea bajito, para que luzcan más los contrayentes, o te da igual?"); compra las argollas; timbra las tarjetas; ordena el banquete; contrata la orquesta (sospecho que, además, dirige los ensayos y afina el piano); instruye los protocolos ("No, señora, aunque usted sea la mamá de la novia no es correcto que su consuegro la alce en brazos para salir de la iglesia"); consigue los meseros; alquila los pajecitos (cierto sobrino mío detentó mucho tiempo esta posición hasta que Ileana lo despidió por emborracharse en las fiestas y arrancarle el liguero a una novia: para entonces ya tenía 28 años); calienta el caldo para los amanecidos, y, cuando sobreviene la resaca moral, seca el llanto a las solteronas, exige compostura al antiguo enamorado de la novia que se empeña en buscar al novio para pegarle, y evita que los invitados se trasteen a la casa lo que no corresponde ("Sí, caballero, puede llevarse un trozo de torta; pero el televisor es propiedad del restaurante, lo siento").
Lo único que Ileana no garantiza es la felicidad conyugal, pero es que eso no lo garantiza nadie. Sin embargo, sirve de consuelo saber que, en caso de que el matrimonio no funcione, el departamento de divorcios de la oficina de Ileana lo atenderá gustosamente en jornada continua.
Pues bien: yo también acudí a Ileana Rodríguez, pero no porque fuera a casarme, sino para que me pusiera al día sobre las nuevas costumbres matrimoniales, a fin de comunicarlas a mi amigo panameño. Fueron tantos mis elogios a la labor de Ileana, que mi amigo tomó una decisión radical: se casará en Cartagena; pero ahora quiere hacerlo con Ileana.