11 de mayo de 2008 :: Edición 292

Tema de Portada

Dayra Moreno, a paso de décima

"El público me dice: ‘Dayra, te escuché una décima que hablaba de tal cosa, ¿la puedes cantar?’. Hago complacencias porque para eso está uno".

Daniel Domínguez Z.

Silvia Grünhut
Marilina Vergara Polo
Lili Samaniego y Dayra Moreno durante una presentación el pasado 3 de mayo en la Feria Internacional de Azuero.
La Prensa/Eric Batista
Maneja con acierto y madurez un oficio dominado por hombres, llevada por su deseo de innovar, graba un álbum de ritmos tradicionales fusionados con instrumentos musicales inusuales en las décimas.
Marilina Vergara Polo
La trovadora indaga distintos campos durante sus intervenciones: desde el amor hasta los deportes, se le conoce como ‘La dama del canto’, tanto por su ingenio como por su vestimenta seductora.
"Bienvenido público presente y a los que nos oyen por Radio Mensabé, la estación del pueblo. Con ustedes el Guardián de la Bahía, Lili Samaniego, y La Dama del Canto, Dayra Moreno, y los hermanos Huertas de La Tiza. Vamos a escuchar entonces el primer torrente con el que se iniciará esta excelente cantadera", dice con euforia el animador.

Entonces Samaniego se quita el sombrero pintao y con él hace como que limpia el piso de la tarima por donde debe pasar Moreno.

-"Con sentimiento esas guitarras, muchachos", pide Moreno mientras mueve con coquetería sus caderas y regala sonrisas a un público que la recibe entre aplausos.

Una visita a una cantadera se parece a un paseo por la recuperación de la alegría. Es un paisaje donde prima la memoria y la astucia de los artistas y es una experiencia que se debe respirar aunque sea una vez en el calendario existencial de cada panameño.

Cuando el jardín está vacío es un sitio ingrávido por el silencio que lo gobierna, pero se transmuta con la presencia de espectadores y trovadores. La calma se acelera y en vez de un espacio hay varios que se alternan: el olor del puerco frito proveniente de la fonda, el señor que vigila la entrada y los saloneros que caminan en zigzag.

Pero el verdadero propósito de todo, es lo que ocurre en una tarima de madera, que cobra vitalidad cuando se anuncia a los decimeros, a quienes acompañan un dúo de guitarras, los animadores y el sonidista.

Desde la primaria

El público se sorprende de que Dayra Moreno, de 26 años, en menos de un lustro haya logrado un ascenso que a otros colegas les ha tomado una década.

Esta hija de veragüense (Ricaurte Moreno) y santeña (María del Carmen Sáenz) nace el 23 de noviembre de 1980 en el hospital Geraldino De León (Las Tablas), y se cría en Arenas de Quebro. "Arenas antes formaba parte de Los Santos porque raya con Tonosí, pero luego hubo una división territorial".

Cursa el tercer grado en la primaria Las Flores cuando en un recreo se produce un acontecimiento trascendental. Unos compañeritos interpretan décimas y el corazón de Dayra casi se le detiene. Tiene ocho años y se pone a cantar, sin saber cómo hacerlo, por puro impulso. Una maestra la escucha y luego la selecciona para un concurso.

En su árbol genealógico hay un abuelo paterno (Juan Cuque Moreno) y una abuela materna (Paula Cortez) que poseen el talento de ponerle ritmo a las composiciones poéticas. La primera vez que la invitan a participar en una cantadera es a finales de la década de 1990, en el Jardín Praga (Las Tablas) y en la tarima están dos leyendas: Lili Samaniego y Miguelito Rivera.

Saben que canta porque gana cinco concursos estudiantiles Manuel F. Zárate representando tres veces a Veraguas (Primer Ciclo Llano de Catival) y dos a Los Santos (Instituto Coronel Segundo Villarreal). "Iba a una cantadera a escuchar y me pedían que cantara una décima y a la siguiente me pedían dos y así. Cuando
a una le gusta una cosa no hay que pedírselo mucho, ¿verdad?".

Pacientes y campañas

Estudia enfermería en la extensión universitaria de Chitré y ejerce el oficio de cuidar enfermos y heridos en el hospital El Vigía, donde realiza su práctica profesional. La asistencia a los médicos y el canto no le combinan porque es un trabajo con horarios rotativos y le choca con su verdadera vocación, por lo que cierra los ojos y se deja abrazar por las décimas.

Labora desde hace cuatro años y medio en el Ministerio de Salud y ahora esto le permite manejar mejor su tiempo. Coordina una campaña para promover el lavado de manos con jabón, un proyecto financiado por el Banco Mundial. "Hay que lavarse antes y después de cada comida y luego de ir al baño. Se ha comprobado que entre 43% y 45% de los casos de diarrea disminuirían si fuéramos más cuidadosos con la limpieza personal".

Poetas y fusiones

-¿Cuál es tu mejor mercado?

-
Me contratan en todo el país. En Panamá el fuerte es en la 24 de Diciembre y Pacora, pero nos solicitan más en Las Tablas, Santo Domingo, La Palma, El Sesteadero, La Tiza, Tonosí y Pedasí. Son sitios de Los Santos donde la gente sabe y valora la décima. Cuando en Los Santos uno se sube en una tarima siempre se encuentra cinco o seis poetas sentados al frente y están pendientes de lo que vas a cantar. Da estrés porque es tener a un jurado enfrente tuyo.

-¿Tus autores de décima preferidos?

-
Luis Cholo Bernal (Santiago), Eddie Omar Ruiz (La Arena de Chitré), Nelys Aparicio (Paritilla) e Isaac Pimentel (Ocú). Los poetas me llevan sus temas y siempre trato de darles una remuneración económica, aunque la mayoría me dice que sería un gran honor el solo hecho de que cante sus versos.

-¿Cómo es la relación con los guitarristas?

-
Existen los pregones. Si yo voy a pregonar, el guitarrista que es bueno debe adornar mi pregón y ser capaz de sacar la nota necesaria durante mi improvisación.

-¿La radio y la televisión los apoyan?

-
Las radioemisoras típicas casi no programan décimas, salvo el día de los difuntos. En la televisión a veces ponen un video de décimas y eso es de 2007 para acá, quizá luego de la popularidad del programa El reto de trovadores. Es el género más limitado.

-¿Por qué?

-
Falta que la gente sepa más sobre la décima. Creen que es una gritadera o que uno canta por cantar, y no. Debes improvisar y contestar a los trovadores. Hay que buscar versos interesantes y tienes que estar informada. Quizás pasa porque no es un género bailable, es un círculo de notas que llamamos torrentes y lo que varían son los temas.

Por eso Dayra Moreno hace de la décima una creación más dúctil en su primer disco compacto, Quisiera que tú quisieras (2006), donde los sonidos de la guitarra española y la mejoranera se amalgaman con el bajo, la mandolina y la flauta. Toma esta decisión porque quiere que "la décima fuera contagiosa y pegajosa y que dé ganas de bailar". Sí, se escucha diferente, y de paso, vendió cinco mil ejemplares.

Igual pasa con su segundo disco, producido por Evelyn Caballero, una artista procedente del rock. Lo graba por estos días en Música Studio, en Santiago de Veraguas, y lo masteriza en Pty Studios en la ciuadad capital.

Esta vez se sale aún más del patrón establecido, pues fusiona la décima con la trompeta, la flauta, el chelo y la murga. "Se trata de mantener canciones de antes, como las de Chico PurioRamírez y de Colaquito Cortés, y trabajarlas con elementos que tengan un ritmo de 2008". El disco aún no tiene título, tendrá 11 canciones y saldrá dentro de tres meses.

-¿Te alejarás de las cantaderas?

-
La idea es formar una orquesta y buscar su internacionalización. Eso no quiere decir que no vaya más a los toldos, fue el público con el que he crecido y lo seguiré haciendo. Yo prefiero escuchar mil veces la música de antaño porque hay más sentimiento. Escucho una décima y lloro de la emoción.

-¿Mejora la aceptación de la décima?

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Se va sumando gente que no pensaba que le gustaría estar en una cantadera. Es bonito cuando un niño va acompañado de su papá y viene expresamente a verte. Esas cosas llegan y no tienen precio.

-¿Y los puristas del folclore?

-
Nadie todavía me ha dicho nada negativo del primer disco. Yo tenía miedo de que hubiera problemas. Vamos a ver qué pasa con el segundo álbum.

-¿Si Los Rabanes te invitan a grabar?

-
Voy contenta, después que me digan qué debo hacer.

Compromisos y ofensas

Dayra Moreno pertenece a un reducido colectivo de damas dedicadas a la décima. Está en una lista donde también sobresalen Mari Morales, Yayita Murillo, Raquel Castillo y Damaris González. Todas siguen la estela que dejaron señoras como Mercedes Acevedo y Juanita Ríos.

-¿Por qué son pocas?

-
Cualquier persona puede cantar un tamborito, pero una décima exige un poco más por el ritmo y el compás con la guitarra. Además hay que saber improvisar, aprenderse los versos y saber sobre varios temas.

-¿Intimida que sea dominado por hombres?

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Este ambiente es duro porque en las cantaderas hay hombres que acostumbran a tomar mucho licor y los trovadores varones son a veces agresivos.

-¿Cómo lidias con esto?

-
Un don que Dios me dio: la paciencia. La primera impertinencia uno la tolera y ayuda hablar con la persona. A la segunda viene con lo mismo y le hacemos seña al guardia de seguridad para que lo calme. Me siento incómoda.

-¿Cómo reacciona el público?

-
Normal, porque ya la gente observa que la persona no hace lo correcto y que uno no es el grosero. Por eso mi papá me dijo al inicio de mi carrera una frase que recuerdo muy bien: "¿por qué no deja eso?". En la cantadera hay más cosas agradables que negativas, pues en el 90% de los casos no pasa eso con los borrachos. Ahora a mi papá lo paran en la calle para decirle que me aprecian bastante y se pone contento.

Actualmente calcula que hay unos 20 trovadores en Panamá. ¿Hay una generación empeñada en tomar el relevo? "Lo veo difícil porque somos pocos y la mayoría tiene 50 años o más y jóvenes no hay muchos".

Entre los planes de esta mujer itinerante no figura tomarse un año sabático, ya que todos los fines de semana de 2008 están ocupados en su agenda. Para que el asunto le sea rentable, trata de que las presentaciones sean en una área geográfica manejable. "De lo contrario no me resulta rentable porque todo se me iría en gasolina, jejeje".

¿Cómo hace para coordinarlo todo? "Cuando canto en una actividad X, sus organizadores me dicen: ‘el otro año, esta fecha me la guarda’. Otros piden mi participación con meses de anticipación".

Descansar es un lujo. "Laboro de lunes a viernes en el Ministerio de Salud y los fines de semana canto. El tiempo que me queda libre es muy poco. Es agotador. Por eso cuando salgo del trabajo voy para la casa hasta que zumbo para dormir".

Para preservar la voz sigue una vida sana y no está sujeta a la pasión por el tabaco o el alcohol. Evita tomar bebidas frías mientras está en el escenario y procura mantenerse lejos de las personas que fuman y del humo de los fuegos artificiales.

Sí toma miel de abeja para refrescarse la garganta. "A veces pasa que el sistema de sonido es malísimo y uno tiene que alzar la voz. La verdad, no siempre se trabaja cómodo en esto, pero ¿cómo decirle al empresario: "esto no sirve?".

Siempre se traslada en su vehículo 4x4, donde lleva sus sensuales blusas, sus jeans ajustados y su maquillaje. "Siempre trato de cuidar mi imagen porque ayuda a que uno tenga buena aceptación".

Ganar peones

Una cantadera se inicia entre las 4:00 p.m. y las 6:00 p.m. y finaliza cuatro horas después. Hasta hace unos años, la paga eran 120 dólares por presentación para cada trovador. Ahora van por los 200 billetes verdes y al dúo de guitarras le dan entre 80 y 100 dólares. "Pagan poco pensando en la gente que solo se dedica a esto desde hace 30 años y todo ha subido. Imponer otro precio puede provocar que un empresario te pregunte: "¿por qué si este otro tiene más tiempo y no me pide más?".

Antes los trovadores se presentaban por una patronal. Ahora hay recitales por otros motivos. "Se les llama popularmente ‘Ganar y pagar peones’ y es una de las actividades que mantiene a las cantaderas".

Hay un segmento que se denomina "el verso de la botella". Cuando se canta este verso, si eres un empresario, te levantas de tu mesa y llevas al dueño de la fiesta una caja de licor que compraste en la actividad y en la interpretación se le menciona. "Cuando ese empresario tenga su fiesta, le debe entregar una caja de licor al otro. No mucho tiene sentido, pero eso es lo que hay".

Ah, si usted regala una caja de whisky, cuando al otro le toque ir a su evento debe of1recerle whisky. Si le ofrece, por ejemplo, seco, puede ser tomado como una ofensa.

Ataques y embestidas

Cada trovador lleva consigo material para plantear unos cuatro temas. "Una expone el tema y luego los decimeros contestan sobre lo que yo desarrollé. Hay que reaccionar rápido, pues cada intervención consta de 10 líneas y dura menos de un minuto. Todo debe ser rimado, nada a lo loco, cada décima debe tener rima, métrica y sentido".

Cuando se termina un tema hay una pausa y en el receso los trovadores descansan. A veces se quedan en las esquinas de la tarima como boxeadores en espera del siguiente round. En otras bajan a saludar a su fanaticada o se toman algo. Durante ese período el animador menciona las cuñas publicitarias o saluda a alguna personalidad que esté por los alrededores.

Luego los artistas vuelven al ruedo. "Entonces el otro trovador puede plantear un tema diametralmente distinto al mío. Hay que estar pendiente de lo que dice y tratar de sacar ideas y saber qué cantar cuando te toque. También pasa que llega una persona importante y a la brevedad hay que preguntar quién es y cantarle a partir de eso".

Su argumento predilecto es el amor y sus variantes: el ideal, el prohibido, el traicionero, etc. "Ese vende y gusta mucho".

La parte final de la cantadera es un estallido, es el segmento más álgido de la jornada: la controversia. En ocasiones, por desesperación o facilismo, un trovador opta por declaraciones vulgares hacia sus contrarios. "La controversia debería ser a partir del conocimiento y no ofender. Funciona no igualarse a ellos ni decir cosas peores. Pero hay cosas fuertes y fuera de lugar".

¿Por ejemplo? Guarda un silencio prolongado. Se da tiempo para responder. "Al inicio tenía mucho esos problemitas con las vulgaridades. Me ponía roja de la pena con lo que me decían, porque me decían cosas groseras relacionadas con el sexo", explica mientras baja la mirada. " Yo les recuerdo a los trovadores varones que debemos transmitir cultura porque para eso es la décima. Quizás lo hacían para tratar de desestabilizar la concentración de una como mujer, pero desde hace dos años se da poco esta situación porque sé cómo ubicarlos".

Tarde de trovadores

• Hace 15 años, las cantaderas eran de entrada libre. Después costaba un dólar y hoy son dos dólares. Solo entran gratis los niños de brazos. Al ingresar te ponen un cintillo en la muñeca. Antes el distintivo era un pedazo de cartulina que te engrapaban en la camisa.

• Para estar cómodo debes pagar. Una silla cuesta 50 centavos y una mesa un dólar. Ambas se las pides a los saloneros, quienes además te ofrecen para tomar whisky, seco, ron, cerveza o sodas.

En la fonda te brindan empanadas, hojaldres y buñuelos, costillas de cerdo y carne de res frita, ensalada de papas y sancocho de gallina con arroz blanco.

• Entre los asistentes hay más hombres que mujeres y más adultos que jóvenes, aunque Dayra Moreno está llevando a que niños y adolescentes se hagan presentes.

• Si el dueño de la fiesta lo permite, ingresan vendedores de chances y buhoneros. Y es usual que las cantaderas se transmitan en directo a través de una radioemisora.

• El profesor Tony Zarzavilla comenta que detrás del engranaje de una cantadera hay que tener un presupuesto de unos mil 500 dólares. Se tiene que alquilar el jardín, las mesas y las sillas, pagar por el espacio en la estación de radio y pagarle a trovadores, guitarristas, animadores, saloneros, etc. El licor es a consignación; lo que no se vende se devuelve.

• Zarzavilla comenta que una cantadera se desarrolla a partir de torrentes. Son cuatro reglamentarios: el mezano, el gallino, el zapatero y el gallino en tiempo de lamento. Luego se puede escoger
el valdivieso, el gallino Zárate y el son María, entre otros.

• Después de la cantadera, en ese mismo toldo, habrá baile con un conjunto típico, por lo que las mesas y sillas del centro se reubican en otras partes, ya que esta área se convertirá en la pista donde las parejas se moverán al ritmo de la música.


 
 
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