En el mundo del vino, es un visionario testarudo y un soñador quijotesco.
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Pablo Morandé Lavin, este año acaba de ser nombrado Mejor Enólogo de Chile. |
Casablanca, Chile. Estamos en el famoso restaurante House of Morandé, y a pesar del imponente servicio de 14 vinos a catar y un impecable menú preparado especialmente para nosotros, no cabe duda de que el plato fuerte no va a ser ni más ni menos que el afamado enólogo Pablo Morandé Lavin.
Es, a la vez, enfant terrible, visionario testarudo y soñador quijotesco, según lo mires. Pero lo cierto es que este año acaba de ser nombrado Mejor Enólogo de Chile por la Guía de Vinos de esta hermosa cinta de clorofila, este paraíso esmeralda encajado entre el añil profundo del Pacífico y los copos níveos de los Andes.
Morandé, quien creció entre los pagos de la familia Lavin, siguió el camino trazado por cuatro generaciones de enólogos y viticultores.
Cuando se escucha que su carrera profesional comenzó en el hoy colosal Concha y Toro, inmediatamente se piensa que entró por la puerta grande, pero la verdad fue distinta: la famosa viña aún no había adquirido su magnitud actual. Cuenta Morandé: "Me tocó trabajar en muchos vinos. Partí trabajando con el vino más modesto, Clos de Pirque.
La viña, para desarrollarse más rápidamente, tomó la decisión de dedicarse fuertemente a las exportaciones, que hasta el momento había sido muy pequeño rubro. Y así, exportando blends en botellas Magnum (equivalentes a dos botellas de 750 ml), formato que en EU se usaba solamente con Chablis y Burgundy, vendíamos un millón de cajas solamente en Estados Unidos. Fue un gran despertar de la industria chilena porque pasó a ser el motor de las exportaciones. Yo comencé a trabajar en otros vinos y teníamos un equipo de enólogos muy importante".
Entre los vinos que comenzó a gestar Morandé estuvo el icónico Chardonnay de la viña, Amelia, laudado por Wine Spectator (95 pts., 2005); Wine Advocate (90 pts., 2005) y Mejor Chardonnay Chileno (cosecha 2006) de la Guía de Vinos de Chile, 2008.
Pero Morandé tenía un sueño; quería hacer lo suyo y se sentía confinado por la estructura del gigante Concha y Toro. Se hinchó de tesón, y con buen olfato y visión, tras recorrerse Chile a lo largo y ancho, dio con el valle de Casablanca. Compró, junto con su hermano Jorge, varias hectáreas, a cinco mil dólares cada una. Eso fue en 1981 (hoy en día una hectárea al pie de la carretera cuesta 75 mil.
Mientras tanto, creaba el icónico Don Melchor, que ha superado todo tipo de récords, siendo el más reciente 96 asombrosos puntos para la cosecha de 2005. En Casablanca, mientras tanto, observó que los brotes aparecían 20 a 30 días después de los terroirs cerca de Santiago, lo que garantizaría una maduración más lenta y, por tanto, mayores aromas para sus vinos blancos. Hoy en día, su equipo enológico, que incluye a su hija Macarena y al enólogo Jorge Martínez, se siente orgulloso de las metas logradas. Con poco espacio, recomiendo los siguientes vinos catados.
Mis notas de cata:Gama Reserva: • Sauvignon Blanc 2007 (toronja, cítricos, buena acidez).
• Carmenere 2005 (deliciosos aromas de pimentón verde, especias, frutos rojos).
• Cab. Sauvignon 2006 (imponente en nariz, terciopelo en boca).
Gama Gran Reserva: • Syrah 2005 (carnoso, frutos rojos, canela, chocolate).
Gama Edición Limitada:
• Pinot Noir 2005 (aromas de cerezas y violetas, dignas de un ¡Wao!
• Carignan 2004 (aromas complejos a cerezas, trigo tostado, sándalo).