Francisco Whittingham |
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David Mesa |
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“La idea es que la VIII bienal nos lleve a reflexionar sobre nuestra realidad”. |
David Mesa |
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“Nada de lo que pasa en sociedad hoy en día es ajeno a los artistas contemporáneos”. |
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Este año pocos dirán: “La bienal no tiene que ver conmigo”. Todo panameño y ex zoneíta tendrá recuerdos de aquel trozo de territorio nacional de mil 432 km2, que desde su creación ha sido motivo de luchas históricas, escenario de divisiones y cambios.
En esta VIII edición en el Museo de Arte Contemporáneo, las obras están enfocadas por primera vez en un eje temático: la Zona del Canal, creada en 1903 y revertida entre 1979 y 1999, según se dispuso en los tratados Torrijos-Carter de 1977.
Magali Arriola es la curadora franco-mexicana responsable de que esta bienal, del 9 de septiembre al 21 de octubre, gire en torno al área canalera. Cuando los directores de la bienal, Mónica Kupfer y Walo Araujo, la seleccionaron para curar esta edición, le pidieron “que tuviera sentido para nosotros, hoy, pero que también lo tuviera internacionalmente”, indicó Araujo.
“Ya había estado en Panamá y la Zona siempre me llamó mucho la atención”, explica Arriola vía telefónica desde California. “Como ya habíamos acordado que trabajaríamos con artistas locales e internacionales estaba buscando una fórmula con la que se pudieran conectar ambos”.
Kupfer, directora fundadora, se negó inicialmente porque iba en contra de una de las misiones de la bienal: exponer solo a artistas panameños y a extranjeros residentes en Panamá (por un mínimo de tres años). Pero la manera en que Arriola lo enfocó, la convenció.
“Un tema local, que es nuestro, la Zona del Canal, lo interpretan estos extranjeros y estos panameños. Ahí se produce un intercambio súper valioso”, explica Kupfer.
Los 13 artistas seleccionados por Arriola trabajan en sus proyectos desde finales de 2006 en frecuente comunicación con ella y algunos también con sus otros compañeros. La bienal les da fondos para producir su obra.
Los artistas panameños y extranjeros residentes en Panamá seleccionados son: Enrique Castro Ríos, Humberto Vélez, Donna Conlon, Abner Benaim, Rich Potter, Jonathan Harker y Ramón Zafrani.
Los artistas extranjeros: Francis Alÿs, Roman Ondak, Sean Snyder, Sam Durant, Michael Stevenson y Richard Prince. “Ya les conocía la obra y me parecía que hasta cierto punto tenían algún tipo de afinidad con los intereses que pudiera representar la Zona del Canal como tal, o mantenían un interés específico con Panamá su contexto cultural o político”, explicó Arriola.
Snyder es un estadounidense residente en Alemania, que ha hecho trabajos sobre bases militares estadounidenses alrededor del mundo. El belga Alÿs, quien reside en México, participó en Ciudad Múltiple, una exposición de arte urbano celebrada en la capital panameña en 2003. Ondak es eslovaco y ha hecho obras que tienen que ver con “la entidad geográfica más o menos fantasma, que refiriera a la aparición y desaparición, y transformación continua de las fronteras geográficas”, explica Arriola.
Prince es un reconocido fotógrafo y pintor que nació en la Zona y hasta el año pasado no había vuelto desde niño, comenta Araujo. Durant es estadounidense y becado del Smithsonian para estudiar la relación entre los antropólogos norteamericanos y los kunas. Michael Stevenson es un neozelandés residente en Alemania que ha investigado a la familia real iraní Reza Pahlevi, lo que lo trajo a Panamá anteriormente (el último Shah se exilió en Contadora entre diciembre de 1979 y marzo de 1980).
NovedadesUn hecho que sustentó aún más la temática del área canalera es la declaración del Fondo Mundial de Monumentos (WMF, por sus siglas en inglés) de que la Zona era uno de los 100 sitios en peligro en sus listas de 2004 y de 2006. La designación dura dos años y la Zona estuvo en la lista hasta 2008.
Según Araujo “la VIII bienal debía asumir un cierto activismo y promover mayor conocimiento y debate sobre este legado patrimonial”. Y es así que por primera vez se brindarán jornadas académicas, proyecciones fílmicas y exhibiciones adicionales en la Universidad de Panamá que, al igual que la muestra de la bienal, son gratuitas y para todo público.
El arquitecto Kurt Dillon dará una conferencia en la que explicará cómo el diseño urbano de la Zona fue influenciado por el movimiento de “planificación progresista” que surgió a principios del siglo XX en Estados Unidos, influido por el movimiento de ciudades jardines en Inglaterra y Alemania.
La ciudad jardín era una comunidad en donde las casas eran propiedad individual pero los terrenos colectivos. Se garantizaba una adecuada distribución de áreas abiertas no solo de esparcimiento, sino para jardines y siembra de vegetales para consumo, y la gente podía caminar o ir en bicicleta a sus puestos de trabajo. “La comunidad tenía un control sobre el terreno, del desarrollo colectivo del terreno, y de los gastos del municipio”, resume Dillon.
Dillon, junto con el arquitecto Roger Trancik y el fotógrafo Sam Sweezy, hablará sobre la evolución, influencia y contradicciones del movimiento progresista.
Dillon, que nació y creció en Gamboa, fue parte del grupo de arquitectos panameños que en 2000 preparó y presentó la solicitud al WMF para que incluyera a la Zona en su lista. Como resultado de esto, explica Dillon, WMF financió un estudio de conservación y desarrollo comunitario en Gamboa —identificado como uno de los últimos poblados canaleros que no ha sufrido grandes cambios físicos—. Posteriormente, el Instituto Nacional de Cultura incluyó a Gamboa en una lista de 30 sitios de la Zona que formarían parte de un anteproyecto de ley de conservación, pero éste llegó a la Asamblea y no se concretó.
El arquitecto Eduardo Tejeira contará en una conferencia cómo se preparó el expediente para enviar al WMF y cómo se armó un inventario de sitios de la Zona. Además, dictará una segunda charla sobre la planificación de El Marañón y su papel en la construcción del Canal.
Para más detalles de los artistas, las demás conferencias y del programa, pueden ir a la dirección www.bienalpanama.org o visitar su sitio en Facebook.
Sigue evolucionandoHan pasado 16 años desde que la historiadora de arte Mónica Kupfer y la relacionista pública Irene Escoffery lanzaran esta empresa cultural. En sus cinco primeras ediciones tuvo el patrocinio único de la Cervecería Nacional, y sus propósitos eran mejorar el certamen de pintura que ya existía, aumentar oportunidades internacionales para artistas panameños, promover a creadores jóvenes y el arte en Panamá, y editar un libro que documentara el desarrollo del arte contemporáneo en el país.
Por sus cinco primeras ediciones los artistas entregaban hasta dos obras y un jurado compuesto por expertos extranjeros seleccionaba a tres ganadores. Ahora entregan carpetas con fotos de sus obras y biografía. Gradualmente se dejó de evaluar solo pinturas y se amplió a instalaciones, fotografía, video arte y medios electrónicos.
Cada año cambiaban las bases de acuerdo con lo aprendido en la anterior. “La bienal se fue modernizando más y más, casi sola, casi por necesidad; los mismos artistas querían hacer cosas nuevas y diferentes”, indica Kupfer.
Con el tiempo la cantidad de postulaciones bajó, pero aumentó la asistencia del público a las muestras, sobre todo joven. En la primera inauguración participaron “unas 200 personas”, recuerda Kupfer. A la más reciente asistieron mil 200 personas, aseguró Araujo.
En 2000 Escoffery falleció y Kupfer organizó la V bienal sola. “Era incansable. Fue una gran socia y una gran amiga”, expresó.
Maribel de Díaz ayudó a Kupfer con la VI, y desde esa el abogado y gestor cultural, Araujo, se involucró como voluntario. Para la VII Kupfer le encargó a Araujo la dirección principal mientras ella se ocupó de lo administrativo. “Cuando Walo entró fue una gran cosa porque necesitábamos sangre nueva y una mentalidad joven que era lo que iba a cargar el evento”.
Al asumir la dirección, Araujo eliminó los premios y se introdujo la curaduría. “Para mí la bienal no podía ser solo un evento, tenía que evolucionar a ser un proceso”, resume Araujo. “La introducción de la curaduría hizo que esa dimensión de proceso se fortaleciera porque se sentía que estábamos trabajando juntos para producir una exhibición, cosa que no había ocurrido. Nos interesaba que esto se convirtiera en un diálogo entre curadora, organizadores y artistas, y juntos definir en qué se va a convertir la exhibición. Una cosa creada colectivamente”.
En esta VIII edición se estableció una nueva forma de participar. Además de presentarse a la convocatoria, el artista también puede ser invitado por el curador designado que por su cuenta haya investigado su trabajo.
“La misma Irene decía que esto solo tenía sentido si tenía continuidad”, recuerda Kupfer. “Sé que estaría contenta de ver que la Bienal de Panamá ha logrado tener esto”, añade.
— ¿Hay rosca?
— Araujo: Esa pregunta siempre sale. Entiendo que haya un poco de distorsión sobre qué es la bienal. Por una parte hay pocos eventos de arte en Panamá, muy pocas oportunidades, y hace que la gente que organiza cosas como la bienal estemos bajo escrutinio. La gente piensa que la bienal resolverá problemas que la bienal ni intenta resolver. Creo que debe ser juzgada por lo que se ha propuesto. No es una plataforma para descubrir nuevos valores o para apoyar a estudiantes de Bellas Artes o para exponer representaciones de todas las provincias. La bienal fue representativa en sus primeras ediciones, pero poco a poco ha evolucionado hacia un evento en que prima la excelencia en el arte contemporáneo, lo cual te reduce muchísimo el número de artistas que hay en Panamá.
— Kupfer: Los premios a veces se repetían. Por ejemplo, Fernando Toledo ganó un primer premio un año, en la siguiente bienal ganó un segundo premio y en la siguiente ganó un primer premio. Y los gritos eran… el que más me ofendía era que yo me había ganado dinero con eso, y el otro era que yo le daba plata a los jurados para que escogiera a ciertos artistas. El jurado que invitábamos era de tal nivel que mi nombre sería una basura si le hubiera ofrecido un centavo. Si se fijan en los catálogos hay documentos que prueban que era un jurado de un nivel académico intelectual tan alto que era ridículo pensar que podría haber trampa. Me alegro de que Toledo ganara tres veces seguidas porque fueron nueve personas diferentes que opinaron que ese pintor se merecía un premio. ¿Eso no te dice algo de ese pintor? Si pudiera escoger te diría que en cada bienal fueran nuevos, porque le quiero dar oportunidad a la mayor cantidad posible. Si se quieren dar a conocer nos pueden escribir a la dirección en el sitio web: “soy artista panameño, me interesa que se conozca mi trabajo”, y vamos a verlo. Ellos tienen que hacer el esfuerzo también. No hay rosca.
— ¿Qué sugieren a artistas panameños que quieren presentarse a la XIX convocatoria?
— Araujo: Participar en las actividades educativas que hacemos en esta bienal. Una persona a la que no le interesan las jornadas académicas o los documentales, no le interesa el concepto general de la bienal o no le interesa la bienal como evento. Cuando los artistas me piden consejo sobre un proyecto siempre les digo que lo importante para el artista no debe ser el evento ni el compromiso. “Me invitaron a La Habana y tengo que hacer una obra”. Es al revés, las invitaciones llegan cuando estás trabajando. Allí es cuando tienes algo relevante que decir como artista. Así como ser público del arte hoy requiere más esfuerzo, también ser artista. Un esfuerzo de estudio y trabajo. Mi consejo es que trabajen.
— Kupfer: Que se eduquen más. Siento que vivimos una realidad artística bien cerradita, con pocas y valiosas excepciones que son puertas que van abriendo eventos como este. Si no se educa sobre lo que está pasando en otros ambientes, entre otra gente, en otras generaciones, afuera de Panamá, difícilmente se producirá un arte que valga la pena. El arte hoy tiende a ser valioso si tiene algo valioso que decir, no solo si se ve bien. Y con el acceso a internet no hay excusa. Eso no quita que artistas quieran hacer obras agradables a la vista que no necesariamente hagan declaraciones políticas y sociales. Pero no puedes pensar que el arte es el mismo de hace 50 años; vivimos en otra época con otras necesidades. También es un tema de iniciativa. Hace unos años estudiantes de Bellas Artes me preguntaron por qué no invitaba a artistas de la universidad a la bienal y por qué no les hacía una sala en la bienal a los universitarios, y les dije: ¿por qué no hacen una exposición en la universidad y me invitan? (…) Yo creo que la gente que logra cosas aquí es porque decide que las quiere hacer, y las hace.
Un anticipo de lo que será la muestraOcho de los 13 participantes en la bienal hablan sobre los proyectos que presentarán.
Donna ConlonPondré al público en los zapatos de los que contraían la fiebre amarilla cuando aún no se hallaba la causa de la transmisión. Recrearé la sensación de tener la enfermedad a través de la experiencia física, y usaré como elementos principales extremos de temperatura, para simular el ciclo de la fiebre elevada y escalofríos; y el sonido, sobre todo, el zumbido del mosquito.
Rich PotterFilmaré piezas de ficción ambientadas en la Zona, y cuyo diálogo, en algunos puntos, hará referencia a situaciones históricas y contemporáneas relacionadas a la Zona. Sin embargo, los cortos no tienen la intención de ser sobre la Zona. En vez de eso, la Zona permeará y enlazará temáticamente las historias, que en sí serán ligeras y algo cotidianas.
Humberto VélezQuiero utilizar el tema como punto de partida para recobrar mis recuerdos sobre Panamá. La reciente muerte de mi padre y la posibilidad real o imaginaria de volver a vivir en Panamá están tomándose el hilo narrativo y visual de mi proyecto, que consistirá en un cortometraje en formato Super 8 y en blanco y negro.
Jonathan HarkerTengo dos propuestas definidas. Ambas giran en torno a la idea de Panamá como territorio ocupado, e involucran el uso de medios no tradicionales para resumir la historia de las relaciones entre panameños y gringos de una manera simple y poética, un poco al estilo haiku.
Francis AlÿsTengo la ventaja de haber visitado varias veces la Zona entre 2002 y 2005. (Mi guía fue una ex zonian, simpatiquísima, que escondía con una tierna torpeza su inconmensurable nostalgia). ¿Qué puede uno decir hoy en día sobre un proyecto históricamente tan perfecto y anacrónico como el de la Zona? ¿Sobre un proceso tan complejo y necesario como el de la reversión del Canal? ¿Sobre una identidad tan dispersa y coherente como la de la actual ciudad de Panamá? Pues, no lo sé todavía, pero más vale que sea anacrónico, complejo, disperso pero coherente, actual y, sí, necesario.
Ramón ZafraniMi proyecto se enfoca en las transformaciones que están ocurriendo en la Zona una vez pasó de ser propiedad de Estados Unidos a tener dueños independientes. Un proceso en el que desaparecen las cercas perimetrales que rodeaban bases militares y aparecen muros demarcando nuevas propiedades. Se forma allí una cubierta del lenguaje arquitectónico capitalino, haciendo evidente la expansión de la ciudad de Panamá en la Zona.
Enrique Castro RíosPlaneo cultivar una capa tupida de Mimosa púdica, la hierba que conocemos como dormidera o dormilona. Busco que esta área cubierta de dormilona refleje una “zona” transitoria, sea ésta nuestras vidas, sea ésta nuestra historia: incómoda, espinosa, hermosa mala hierba sobre la que, al caminar, dejamos un rastro que, como la estela de un barco, se desvanece en cuestión de minutos.
Michael StevensonPor largo tiempo he recolectado material sobre una historia —en apariencia— improbable. Ambientada en parte en Contadora, la lista de personajes es suficiente para dar indicios de su inverosimilitud: el exiliado Shah de Irán, los restos de su corte, el general Omar Torrijos, su guardaespaldas, Chuchú Martínez, Manuel Noriega (a cargo de la seguridad del Shah) y Patricia Hearst, de luna de miel en la isla con su nuevo marido (su ex guardaespaldas). Esto ocurrió en los eufóricos años justo después de los tratados Torrijos-Carter de 1977 cuando Torrijos dio asilo al monarca depuesto. Las razones para esto son complejas pero en el fondo involucran la seguridad de los tratados que estaban firmados, pero en ese momento no completamente asegurados (en la mente de Torrijos al menos) y así esta historia tiene lugar dentro de la más amplia historia de la Zona.