5 de octubre de 2008 :: Edición 312

Libros

Quien tenga amor, venga aquí...




Lo releí, me alegró, me gustó más. Cada cuento es mejor que el que sigue y tanto como el que le antecede. Sugiero su lectura. Son varios relatos; algunos, de esos que nos hacen ser felices por haber aprendido a leer, de los que se deberían recordar completamente y guardar cada palabra en un lugar oculto y secreto para poder bruñirlas cuando estemos tristes. Otros ya son tristes de por sí, tras la lectura queda el dolor, y un regusto a saber un poco más sin entender para qué.

Me gustan: La lengua de las mariposas, de profunda belleza, dolorosa y dura, por lo menos para mí; siempre que lo recuerdo siento el mismo latigazo en el alma, me da miedo que seamos capaces de actuar así; pero me da más que algún día sintamos necesidad de hacerlo. La lechera de Vermeer, que en cambio es dulce, sutil, sabio y hasta dan ganas de encontrar al niño y darle un beso, o de haber conocido a Vermeer y ser su amiga y de la lechera, que nos revelen el misterioso secreto de esa luz que tanto canto ha provocado sin que nadie sepa su por qué. Solo por ahí, es de dos padres que no pueden dormir, el hijo, por primera vez, aún no regresa a casa. Él debe descansar, al día siguiente madruga, es vendedor y conduce una furgoneta. De madrugada, convence a la madre y se acuestan. Llega la mañana, él se va. Entre ventas, desde el camino llama angustiado; ella le dice que el niño ha vuelto, que cuando regrese no lo riña. Son como cualquiera otros padres. Más tranquilo, sale al camino a seguir la faena. El final deja el sonoro aldabonazo al terror de algo que va a ocurrir…

Manuel Rivas

Sí, el de El lápiz del carpintero, lo conocen, ya hablamos de él; por eso diré otras cosas... Como que leerlo es una fiesta desde el principio, hace recordar a amigos gallegos y se nos ilumina una lucecita por dentro. Que no escatima verdades ni dolores, con su prosa de aridez y belleza de lo real, pero con la suavidad de metáforas y misterios. Que es “la voz más sobresaliente de la literatura gallega contemporánea”, pero que se siente un poco deudor de Rulfo, Onetti, Toga, Í. Calvino, Cunqueiro... Y que le gusta más ser poeta, pero sólo si la poesía cuenta algo.

Un espía en el reino de Galicia
“Es mucho más humano un burro que un automóvil…” (Manuel Rivas)

Graciosa y mordaz como chiste gallego. Como si todos los caminos del mundo llevaran a su tierra, un gallego se la narra a un “alien” y a nosotros. En uno de los relatos comienza: “Se habla mucho de la arquitectura popular, pero no se habla de la gotera. Una casa gallega sin gotera es como una casa portuguesa sin certeza” y se suelta el manantial inagotable del humor gallego.

En salvaje compañía
Los enólogos saben que se puede catar un milagro. (Manuel Rivas)

Un olvido añorado. No recordamos lo que queremos, son los recuerdos los que se imponen. “…el último rey de Galicia fue preso por su hermano…, y vivió cautivo hasta la muerte, dieciocho años con grilletes en los pies, así pidió que le diesen sepultura (…) Hay quien lo vio, un cuervo blanco con grilletes de plata y bola de azabache”. Y también quien lo recordó.

Ella, maldita alma
Los que no creen en el alma la encuentran cuando se enamoran. (Manuel Rivas)

Tan bella, que es triste. Los gallegos dicen morriña, pero es más hermosa saudade e igual la usan; los panameños sentimos cabanga. Dónde tiene un hombre el alma que tan fácilmente la puede perder; dónde, que a veces no la encuentra… Por Dios, si la palabra viene de psyche, que a su vez deriva de psychron que significa frío. Dónde está nuestra alma, entonces.


 
 
Derechos Reservados 2008
Corporación La Prensa